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Altay Rumeu: «Quiero exaltar la naturaleza, que el árbol se vea como era»

Desde Mipanas, junto al embalse de El Grado, Altay Rumeu trabaja en su taller en unas piezas artesanas hechas con troncos de árboles que él mismo recupera (muchos de ellos del fondo del pantano). En su taller ya se puede ver una muestra de las piezas que talla.

Altay Rumeu
Altay Rumeu junto a uno de sus muebles hechos con troncos de árbol. Foto: S. Especial
Ruth Zamora Zamora
23 marzo 2022

Altay Rumeu se dedica a la artesanía de la madera desde su taller en la localidad de Mipanas, donde reside; primero lo hizo como afición y, ahora, de una manera más profesionalizada.

¿Cómo comenzó a trabajar con la madera de forma artesana?

Yo me he dedicado siempre a la construcción, a la piedra, pero lo tuve que dejar por dos hernias cervicales. Además, ya trabajaba la madera como hobby, me hice los muebles de casa. Así que es un cambio lógico. Comencé a extraer árboles de debajo del pantano y monté un tallercito en casa. Ahí llevo un año y medio dedicándome en pleno. Estoy montando una zona de exposición fija, con una sala a la que traer un artista invitado; más que una tienda, que sea una sala de exposiciones.

¿Cómo surge la inspiración para sus obras?

Muchas veces llega cuando voy paseando por el pantano; veo un árbol debajo del agua y le veo un sentido a esa pieza. Ya lo veía cuando iba a cortar árboles para leña con mi padre y pensaba: ¡qué pena!, este tiene forma de mesa, aquel podría salir un mueble. Realmente, la inspiración llega cuando paseas y veo esos árboles muertos in situ. Antes me salía automáticamente, ahora que he empezado a profesionalizarme, me he dado cuenta de que necesita un proceso creativo. Muchas veces voy al taller y tengo que dejar de hacer algo porque no voy a hacer más que romper palos y hacer serrín.

¿Qué tipo de piezas crea?

Muebles e iluminaria. Lámparas, recibidores de gran tamaño y mesas, que van para hoteles, y muchos conjuntos de cuarto de baño, mesas de café y de comedor.

La madera, pues, surge de lo que encuentra en el monte

El 90 por ciento, en el pantano. Ahora estoy empezando a adquirir madera, de amigos con campos de olivos antiguos que los quitan; intento marcar árboles con más de 300 años. Pero siempre incido en que nunca cortamos árboles de esos años para hacer muebles, es madera reciclada, queremos que sea sostenible.

¿Y qué tipo de madera?

Olivo, roble… Ahora estamos trabajando con un platanero antiguo que tengo. Y utilizo piedra del río o caliza, para las picas de piedra.

¿Hay diferencias entre unas y otras?

Creo que el olivo es una madera de las más nobles que hay; con una veta brutal. Los olivos de 500 años tienen vida propia: cuando les quitas la corteza, ves vida, no es una madera aburrida, cada una con un dibujo diferente. Por eso me gusta trabajar con el olivo.
Pero trabajo con cualquier madera que encuentre, siempre bien secada; en estos muebles no puedes poner una madera secada de un año. Tiene que pasar más. Y o la sacas como yo, o es imposible; en las fábricas te venden la madera de una medida, cortada en una misma dirección, sin tener en cuenta la luna adecuada. El proceso artesanal se basa más en la selección de la madera que en el trabajo en sí.

¿Influyen muchos factores?

Sí, hay que mirar cuándo la cortas y dónde. La madera de debajo del agua, al morirse debajo del pantano, para protegerse, saca toda la resina fuera y se queda una madera considerada de primera calidad: no se pudre, no necesita ningún tratamiento de antihongos ni nada. Lo suyo es mirar la luna en la que se corta, así no se necesita tratar tanto esa madera. Es una cosa que antiguamente se hacía y funcionaba.

Ya trabaja de forma profesional.

Llevo un año y medio en serio, pero unos tres años desde que comencé. Ahora ya tengo un estilo, con una exposición con 25-30 piezas hechas que marcan el estilo que quiero. La gente ya puede ver un abanico de piezas.

¿Ha costado alcanzar ese estilo?

Tenía claro que quería un estilo en el que mantener las líneas naturales de los troncos. Quiero exaltar la naturaleza; si me gustan las curvas de un árbol, lo que quiero es realzarlas más, no taparlas. Intento que el árbol se vea como era.

Se da a conocer en ferias.

Sí, empecé con la feria de Sobrarbe Verde, en Aínsa, estuve 25 días; y en Barbastro, en el mercado de Petronila; también en la Expoferia de Aínsa. Ahora estoy con una exposición en Benasque, en el hotel Sommos; y luego voy al Palacio de los Condes 15 días. Pero mi idea es que la gente me conozca un poquito; tampoco quiero ser un gran empresario. Quiero vivir en mi pueblo, en casita, trabajar en el taller, e ir haciendo, poco a poco.

¿Qué acogida está teniendo?

Todo el mundo te da golpecitos en la espalda, pero cuesta meterse en este mundo. El primer año toca combinar este trabajo con otras cosas, pero espero que llegue el momento en que pueda vivir exclusivamente de esto.

¿Se valora la artesanía a la hora de comprarla?

Mucha gente que la valora, pero hoy en día está canina. Es un público muy limitado. Hago muebles, pero no dejan de ser caprichos e igual solventa más un Ikea. Considero que lo mío es una pequeña obra de arte, funcional. En vez de comprar un cuadro, compras una mesa que, además, te sirve.

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