Acabamos de estrenar 2026 y lo hacemos con esta imagen: una puerta que se cierra y un camino que se abre. El pasado 28 de diciembre clausurábamos el Jubileo de la Esperanza. No fue una despedida sino un envío. Como en el Bautismo del Señor, fiesta litúrgica de este domingo, no termina nada: todo comienza a renacer.
Jesús, en su Bautismo, no necesita purificarse, pero sí solidarizarse. Y en la voz que lo nombra, «Este es mi Hijo amado», queda revelada nuestra verdadera identidad: somos hijos de Dios. Antes de la misión, está la identidad. Antes que hacer, ser. Sabernos, sencillamente, hijos amados. En el Jubileo hemos caminado juntos y hemos descubierto que la esperanza no es una idea, sino una experiencia compartida. Desde ahí se abren tres retos claros y necesarios.
El primero es consolidar la reestructuración pastoral y territorial de la diócesis para servir mejor y desde ahí saber que es siempre viable y fecunda, sin necesidad de fusionarse o ser absorbida, si se vertebra corresponsablemente, si camina unida, trabaja en equipo, suma carismas y pone lo esencial en el centro.
El segundo reto pasa por avanzar serenamente hacia una resolución plenamente eclesial de las cuestiones patrimoniales todavía pendientes, desde la verdad y el respeto a la dignidad de nuestro pueblo, arraigada en lugares y acontecimientos que pueden parecer humildes, pero que son signo de su enorme y milenaria religiosidad popular.
El tercer reto nos invita a dejarnos evangelizar por la belleza. Impulsar el proyecto de las tres catedrales, Roda, Barbastro y Monzón, como expresión del arte, la historia y la fe que conducen a Dios y despiertan la interioridad de cada persona.
Todo ello nos prepara para el gran don que ya asoma en el horizonte: el Año Jubilar de San Ramón, en el 900 aniversario de su muerte. Pastor humilde y conciliador, nos recuerda que la fecundidad pastoral no nace del poder, sino de la fidelidad.
Que María, invocada en las 135 advocaciones con las que nuestro pueblo la venera, creyente y discípula, nos enseñe a hacer SOLO y SIEMPRE la voluntad de Dios.






