Hace unos años se puso en circulación en el habla española el término procrastinar. Llegó a través del inglés, pero el origen es latino y se puede usar como sinónimo de aplazar, posponer o demorar.
En nuestra ciudad, como en muchas otras, ferias, actos y fiestas se mantienen fijos en el calendario desde tiempo inmemorial. Por ello, resulta curioso que cuando se acercan, la sensación que invade a muchos sea la de “vamos tarde. Seguro que se podía prever”.
Ha ocurrido con diferentes colectivos de la ciudad con las fiestas patronales. No dudamos de que el área trabaja desde hace meses en preparar una programación que se ha visto mermada por un presupuesto más exiguo que el de los dos últimos ejercicios.
Uno de los grandes debates se ha centrado en las ubicaciones. Más allá de discutir de si un escenario queda más o menos lejos del centro (en una localidad en donde las distancias no se pueden comparar con las de una gran ciudad), parece que ha faltado previsión en conocer si el aparcamiento del Portillo iba a poder utilizarse.
Esta céntrica zona, ideal para el público, recibió los dos años anteriores el visto bueno del órgano competente (Confederación Hidrográfica) “con condicionantes”. El pasado septiembre ya hubo un toque de atención con la crecida del Vero en plenas fiestas. Luego llegó la conocida dana al Levante español. Todo antes de que finalizara el año. Antes de que se comenzaran a planear estas fiestas. ¿Por qué no se trabajó en una alternativa antes? Si el informe llegara favorable, genial. Si no, los implicados hubieran contado con muchos meses por delante para planificar otro lugar.
Quizás el resultado final hubiera sido el mismo: Interpeñas al aparcamiento de La Merced. Pero con tiempo, sin esa sensación de aplazamiento hasta el final, con la certeza de que la decisión se ha tomado de una manera consensuada. Evitando los dimes y diretes de la calle.
Dentro de 10 días comenzará la cuenta atrás para las fiestas de 2026. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” dicta el refranero español.