Con motivo del octavo centenario de la Pascua definitiva de San Francisco de Asís (1226–2026), la Iglesia universal vuelve la mirada hacia uno de los testigos del Evangelio más luminosos y actuales de todos los tiempos. Francisco no fue un hombre de teorías ni de estrategias, sino de vida entregada. Quiso seguir a Cristo sin rebajas, sin glosa, con una radicalidad que entonces, como ahora, parecía de locos. Y, sin embargo, aquella «locura” cambió la historia de la Iglesia
Junto a él, una mujer, Santa Clara, que supo reconocer la fuerza de ese Evangelio vivido y lo encarnó de un modo nuevo, femenino y contemplativo. Clara no fue una seguidora pasiva, sino una mujer valiente que, en una sociedad que apenas dejaba espacio a la libertad de la mujer, apostó por una vida pobre, libre y totalmente entregada a Dios.
Juntos, Francisco y Clara fueron, podríamos decir hoy, auténticos “frikis” de su tiempo: diferentes, que vivieron contracorriente, que fueron incomprendidos… y precisamente por eso fueron capaces de transformar el mundo desde dentro. Nuestra diócesis ha sido profundamente bendecida por el espíritu franciscano. En Monzón, las Clarisas y en Barbastro las Capuchinas. En Barbastro también estuvo presente una comunidad de Clarisas desde el siglo XVI hasta 1969. En ambas poblaciones continúa, desde la oración y la fraternidad, el corazón del carisma franciscano.
En un tiempo marcado por el ruido, la prisa y el individualismo, la figura de Francisco y de Clara vuelve a interpelarnos: ¿dónde está tu tesoro?, ¿qué da sentido a tu vida? Su amor por los pobres, su respeto por la creación y su pasión por Cristo siguen siendo hoy una propuesta sorprendentemente actual. Desde la sencillez y la pobreza, dejaron una huella que sigue viva ochocientos años después.
Celebrar este centenario en nuestra diócesis es de obligado cumplimiento porque nos invita a redescubrir que el Evangelio, vivido con autenticidad, sigue teniendo fuerza para cambiar corazones y construir un mundo más fraterno y lleno de esperanza.






