Ahora y siempre
Ángel Pérez Pueyo Obispo de Barbastro
Ahora y siempre

San Francisco, 800 años después

Ángel Pérez Pueyo Obispo de Barbastro
18 enero 2026

Con motivo del octavo centenario de la Pascua definitiva de San Francisco de Asís (1226–2026), la Iglesia universal vuelve la mirada hacia uno de los testigos del Evangelio más luminosos y actuales de todos los tiempos. Francisco no fue un hombre de teorías ni de estrategias, sino de vida entregada. Quiso seguir a Cristo sin rebajas, sin glosa, con una radicalidad que entonces, como ahora, parecía de locos. Y, sin embargo, aquella «locura” cambió la historia de la Iglesia

Junto a él, una mujer, Santa Clara, que supo reconocer la fuerza de ese Evangelio vivido y lo encarnó de un modo nuevo, femenino y contemplativo. Clara no fue una seguidora pasiva, sino una mujer valiente que, en una sociedad que apenas dejaba espacio a la libertad de la mujer, apostó por una vida pobre, libre y totalmente entregada a Dios.

Juntos, Francisco y Clara fueron, podríamos decir hoy, auténticos “frikis” de su tiempo: diferentes, que vivieron contracorriente, que fueron incomprendidos… y precisamente por eso fueron capaces de transformar el mundo desde dentro. Nuestra diócesis ha sido profundamente bendecida por el espíritu franciscano. En Monzón, las Clarisas y en Barbastro las Capuchinas. En Barbastro también estuvo presente una comunidad de Clarisas desde el siglo XVI hasta 1969. En ambas poblaciones continúa, desde la oración y la fraternidad, el corazón del carisma franciscano.

En un tiempo marcado por el ruido, la prisa y el individualismo, la figura de Francisco y de Clara vuelve a interpelarnos: ¿dónde está tu tesoro?, ¿qué da sentido a tu vida? Su amor por los pobres, su respeto por la creación y su pasión por Cristo siguen siendo hoy una propuesta sorprendentemente actual. Desde la sencillez y la pobreza, dejaron una huella que sigue viva ochocientos años después.

Celebrar este centenario en nuestra diócesis es de obligado cumplimiento porque nos invita a redescubrir que el Evangelio, vivido con autenticidad, sigue teniendo fuerza para cambiar corazones y construir un mundo más fraterno y lleno de esperanza.

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