Barbastro

Monseñor Ángel Pérez Pueyo, obispo de Barbastro-Monzón y Mantenedor de las Fiestas de 2025: «No he nacido aquí, pero me siento, en verdad, hijo de esta tierra»

El ofrecimiento de mantenedor de fiestas le sorprendió tanto que llegó a pensar que lo cambiarían por otra persona. Su discurso se ha inspirado en las rondas joteras

Ángel Pérez mantenedor fiestas
Ángel Pérez Pueyo, en la plaza de la Constitución desde donde se lanzará el chupinazo de fiestas. L.G.
Lola Gª Casanova
31 agosto 2025

Ahora mantenedor en Barbastro, pero hace años el prelado de esta diócesis de Barbastro-Monzón ya ejerció de pregonero en su ciudad natal de Ejea de los Caballeros en Zaragoza. 

Un obispo mantenedor de fiestas… no resulta una elección habitual.

En absoluto, yo mismo me quedé muy sorprendido y dije. “¿A quién se le ocurre?”. Durante bastante tiempo mi cabeza barruntaba que se arrepentirían y escogerían a otro en mi lugar. 

No voy a negar que me chocó. Un año, cuando desempeñaba el cargo de secretario general de los Sacerdotes Operarios, me invitaron a ejercer de pregonero en mi pueblo, Ejea. Y ahora, mantenedor en Barbastro.

La idea partió del propio alcalde.

Eso me comentó. En enero me lo comunicaron el propio Fernando Torres y la concejal, Lorena Espiérrez y hemos guardado el secreto hasta agosto. Por lo que me contaron les vino la idea ya desde las pasadas fiestas. 

Cuando indagué sobre quiénes me habían precedido y vi que todos ellos son nacidos en Barbastro y los trabajos que desempeñaban pensé: ¿A dónde voy yo?, no lo merezco”. Sin embargo, me apoyo en que me siento verdaderamente uno más. Soy un hijo adoptivo de esta tierra y mi influencer espiritual es san Ramón del Monte.

¿Sabía en qué consistía su función como mantenedor? 

No, mi conocimiento de las fiestas se ceñía al día 8, a la ofrenda y la misa y poco más. Por lo que era casi absoluto. De hecho, llegué a preguntarles si era el mantenedor la persona que desfilaba a lomos de un burro… Me tranquilizaron, por suerte, no me toca y me lo explicaron todo por mi tremendo desconocimiento. 

Acudiré a unos pocos actos institucionales y resto de las fiestas, para mí, transcurrirán como siempre, con la vista puesta en los actos centrales del día 8 de la ofrenda y la misa.

Cuando se hizo público su elección, ¿qué reacciones sintió?

Cuando se anunció mi nombre, me sorprendió la gran cantidad de felicitaciones que recibí y caí en la cuenta de la importancia que la gente le concede. Sin duda, lo de mantenedor representa todo un honor.

¿Cómo ha enfocado su intervención en la cita del acto de Presentación de las Damas? 

Me he inspirado en las rondas de los pueblos. 

Cuando llegué a estas comarcas del Altoaragón, e iba a oficiar misa por los pueblos en fiestas, descubrí que, tras la eucaristía y el vermú, en numerosos municipios, salían los joteros y pasaban casa por casa. No lo había visto nunca y me encantó. Por lo que esta idea la he utilizado como mantenedor, porque no iba a soltar un sermón, ¿no?

Y también acudirá al lanzamiento del chupinazo.

Ahí también. Yo, en estos días, si podía me acercaba a algún acto popular, en principio al Coso Blanco, a ver el ambiente de la calle, charlar con la gente y poco más. Pero nunca al chupinazo.

En numerosas ocasiones ha comentado que la Virgen convoca. 

Así es. Las fiestas marianas, como la de Barbastro o las romerías, congregan a numeroso público. El día de la Asunción subí a Obarra a celebrar ahí la fiesta y yo pensaba, ¿quién vendrá? Pues los fieles abarrotaron la iglesia. Y eso lo vemos continuamente, la Virgen, que es madre, nos convoca a todos: creyentes o no, practicantes o no. 

¿Cómo ligamos el papel de mantenedor de fiestas con la de obispo?

Si el cielo es cielo tiene que ser fiesta. 

En las escrituras encontramos muchísimos momentos de fiesta y de banquetes. El mismo Jesucristo asemeja el Reino de los Cielos a un banquete. Y podemos recordar, los que ya tenemos una edad, que antes se distinguía entre tiempo profano y tiempo religioso. Esta diferencia sigue vigente hoy en día, aunque en la actualidad se alude a los  días de trabajo y los fines de semana o las vacaciones. 

En definitiva, quiero decir que la vida no puede ser algo lineal o prosaica. El hombre necesita juntarse, desinhibirse y esto, precisamente, representa la fiesta. Nos ofrece estos momentos de encuentro y de desmelenarse un poco. Nuestra existencia se debe jalonar de festejos porque lo que vivimos con intensidad lo celebramos. Así, también en la vida de la Iglesia. 

Para los creyentes, los sacramentos se corresponden con siete momentos cruciales en la vida de cualquier persona que le ayudan a crecer. La mayoría de ellos festivos y así se conmemoran.

Suscríbete aquí a nuestra nueva newsletter

Más en Barbastro