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Pedro Escartín Celeya A cuatro manos
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¿No a la guerra?

Pedro Escartín Celeya A cuatro manos
31 marzo 2022

Como solución resulta demasiado fácil y como eslogan, demasiado trasnochado. Se sigue utilizando con la mejor voluntad por muchas gentes honestas, aunque me temo que con aviesa intención por parte de alguno no tan honesto.

El “¡no a la guerra!” ha sido un emblema pacifista y progresista, fácil de proclamar en tiempos de paz, pero demasiado ingenuo cuando al agresor sólo le guía la ambición y la razón de la fuerza.
El conflicto entre Rusia y Ucrania no es una guerra, sino una invasión.

En consecuencia, ha de proclamarse con claridad un contundente “¡no a la invasión!” y ha de reconocerse el derecho a su legítima defensa, que asiste al agredido. A pesar de las nefastas consecuencias que, previsiblemente, una confrontación pudiera provocar, más nefasto sería ceder al chantaje del agresor en un asunto de semejantes dimensiones.

Es cierto que “el poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de las condiciones” para que la defensa sea legítima. Esta fue la “cruz” de los políticos responsables durante los prolegómenos de la II Guerra Mundial: decidir si intervenían en el conflicto, cuando los ejércitos de Hitler invadían sistemática y calculadamente los países vecinos, sometiéndolos a la dura esclavitud del nazismo o dejar hacer al dictador con el riesgo de no poder pararle los pies.

La heroica resistencia de los ucranianos trae sin duda a la memoria la de nuestros compatriotas en aquella Guerra de la Independencia, que asoló nuestro país entre 1808 y 1814. La resistencia popular frente al poderoso ejército de Bonaparte hizo exclamar a Napoleón desde su exilio de Santa Elena: “Esta maldita Guerra de España fue la causa primera de todas las desgracias de Francia”.

No es deseable un mundo con vencedores y vencidos; todos queremos un mundo en paz. Pero, el Concilio Vaticano II advirtió, en plena efervescencia de la “guerra fría”: «En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazará el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan también las violencias hasta que se cumpla la palabra: “De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas podaderas”».

El diagnóstico es certero. ¿Tomaremos la medicina que se nos aconseja?

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