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Ildefonso García Serena Al levantar la vista
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Matrioska: no hay atajos a la paz

Ildefonso García Serena Al levantar la vista
22 marzo 2022

Cuando escribo esto es 15 de marzo y es difícil no escribir de la guerra. Mientras la sangre inunda las calles de Kiev, de Jerson, de Mariúpol, y llegan millones de refugiados a Europa, algunos opinan que desde hace años se sabe que esta agresión podía suceder.

Al final de mi último artículo, “Tambores de guerra”, escrito pocos días antes del avance de los tanques, me incliné a favor de la idea de que Putin no se atrevería a dar el paso de la invasión.

Había consideraciones de peso que la impedirían y que, no obstante, se han probado inútiles. Mi suposición fue un pensamiento definido en psicología, un error de manual, el whishful thinking, lo que en castellano es confundir los deseos con la realidad.

Otra cosa que demuestra el susodicho artículo es que la suma de supuestos correctos no necesariamente acaba en una previsión certera. La bola de cristal vio que China no se pondría del lado de Rusia incondicionalmente –y no lo ha hecho, al menos de momento– porque el estropicio global que genera la guerra no les conviene.

Como también se pronosticó que un Biden debilitado reaccionaría muy duramente. Pero todos estos riesgos colosales –al que se unía el más cierto de la sangre vertida– no fueron suficientes para detener a Putin. Cabe preguntarse por qué. Ahora, metido en una guerra civil sangrienta, y aun suponiendo que la gane, cargará sobre sus espaldas la responsabilidad de decenas de miles de muertos –rusos o ucranios– el aislamiento mundial de su país y una gran crisis económica.

Mucho peso para un hombre. Y después, nada será un camino de rosas, aunque retenga el poder. Es probable que haya querido pagar el precio de pasar a la Historia “como el líder que devolvió a Rusia su papel de potencia mundial”. Podría salirle mal.

Un extraño y fantasmal artículo de prensa ruso aparecido por error –estaba destinado a ser publicado después del triunfo de la invasión– vendría a desvelar las verdaderas intenciones del Kremlin. Dice este: “La rusificación total de Bielorrusia y Ucrania es el punto de partida de una recomposición del orden mundial”. De ser esto cierto, la guerra es el comienzo de algo muy fuerte.

Pero si alguna vez Putin tuvo argumentos geopolíticos para sus demandas, impostados o ciertos, o si Occidente midió mal la gravedad los temores rusos, con esta guerra de ataque a ciudades y civiles ha perdido cualquier atisbo de razón ante el mundo.

De momento, se cuentan con los dedos de una mano los países que le apoyan. Se ha convertido ya en alguien que se habrá de enfrentar al tribunal más implacable de todos: el de la Historia. Cuanto más creemos saber de este gélido personaje, más imposible resulta conocer su verdadero pensamiento, pues aparece hoy como una matrioska, la muñeca rusa de la que van saliendo una tras otra sucesivas figuras idénticas.

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