En vísperas de la Navidad nos adentramos ante el MISTERIO más desconcertante y hermoso de la historia: Dios se ha hecho visible. Nació donde casi nadie mira, entre los invisibles.
El informe Foessa, evangelio de los pobres en el siglo XXI, nos alerta para descubrir que los excluidos tienen rostro y dignidad, una dignidad que no puede depender del azar porque es un derecho, no un premio. Las cifras son claras y contundentes. En Aragón, más de 306.000 personas viven en exclusión, con trabajo, con hijos, con esfuerzo diario, pero atrapadas en una espiral de precariedad, soledad y miedo.
En nuestra diócesis lo constatamos: más de la mitad de las personas que acompañamos llegan por primera vez, y un 36,5 % vive en situación administrativa irregular. Son los «invisibles» de hoy que encuentran en «Belén» (la Iglesia) un «establo» de dignidad. Así nace hoy Jesús. En familias que no pueden encender diariamente la calefacción, en niños que no tendrán regalos ni estabilidad emocional, en jóvenes sin horizonte, en mayores que se encuentran solos o abandonados a su suerte, en trabajadores precarios, en migrantes sin papeles, en quienes no figuran en las estadísticas oficiales.
Viene a mi recuerdo aquel viejo cuento en el que se narra la historia de un zapatero que esperaba la visita de Dios en Navidad. No llegó como él imaginaba, pero pasó tres veces por su casa: en aquel barrendero que tiritaba, en la madre con su hijo hambriento, en aquella vendedora humillada. Al final de la jornada Dios le hizo comprender que lo había pasado a visitar tres veces, aunque él no acertara a reconocerlo.
Hoy nos puede suceder lo mismo, esperar a Dios y no verlo pasar en nuestros hermanos más vulnerables. Cáritas pone rostro y nombre a la ternura de Dios devolviendo a muchas personas la certeza de que su vida vale la pena.
Cambiemos la pregunta y en vez de pensar, ¿qué me van a traer los Reyes? cuestionarnos ¿cómo puedo ser caricia de Dios con aquellos a los que el mundo les niega la dignidad? Celebrar la Navidad no es huir de la realidad, sino mirarla con los ojos de Dios.







