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Pedro Escartín Celeya A cuatro manos
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¿Libres o creyentes?

Pedro Escartín Celeya A cuatro manos
12 mayo 2022

Contra la cantinela publicitaria, yo no tengo un amigo en Balay, pero tengo un amigo que de vez en cuando me proporciona sugerencias sobre las que pensar y escribir. No hace mucho que me envió, vía whatsapp, el artículo de un profesor de Historia del Derecho, publicado en un periódico nacional, en el que reflexionaba sobre la libertad y el cristianismo.

No se alarme el lector, que no voy a endilgarle, en formato píldora mental, un sucinto y apretujado resumen de dicho artículo. Sólo cito el hecho que me ha dado pie para mi comentario de esta semana.

Dice el mentado profesor que una alumna le preguntó si era creyente y, al responderle afirmativamente, ella se quedó sorprendida porque «usted piensa por sí mismo y en sus clases fomenta el pensamiento crítico».

Por lo visto, aquella alumna consideraba incompatible el pensamiento crítico con la adhesión a una confesión religiosa, adhiriéndose a un prejuicio ampliamente difundido, que, además de ser pre-juicio –y por ello, a-crítico–, lleva a devaluar la libertad que pretende magnificar.

La libertad es una cualidad del ser humano que le hace capaz de elegir entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, la verdad y la mentira. Tal elección hace que seamos responsables de nuestros actos ante nuestra propia conciencia y ante la sociedad, responsabilidad que es indispensable para que la convivencia sea posible.

Pero las tendencias prometeicas de la Ilustración con sus ideologías concomitantes han pretendido sustituir esta cualidad del ser humano por el poder de decidir si algo es bueno o malo, verdadero o falso, abriendo la puerta a todos los totalitarismos que en el mundo han sido y, en definitiva, al poder avasallador del más fuerte.

Sin una verdad, una justicia y una bondad que no estén sujetas al arbitrio del hombre, la humanidad quedará irremisiblemente en las manos del dictador de turno.

Hay que reivindicar, por tanto, la máxima evangélica «conoceréis la verdad y la verdad os hará libres», mal que les pese a aquellos políticos que han osado, con lamentable ignorancia, trasmutar sus términos diciendo que es la libertad la que nos hace verdaderos.

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