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Carlos Gómez Mur A cuatro manos
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El estado de la ciudad

Carlos Gómez Mur A cuatro manos
24 noviembre 2022

El ayuntamiento parece estar saliendo de la placidez de los últimos mandatos, cosa que no es necesariamente mala, para volver a la agitación de los 80 y 90. La renuncia de algunos concejales, los desencuentros con funcionarios y la falta, aparente pero clamorosa, de un proyecto identificable de ciudad, vuelven a atraer la atención de las gentes del común, tampoco demasiada en realidad, sobre un órgano de gestión que llevaba algún tiempo pasando casi desapercibido. Cosa esta que tampoco es necesariamente buena.

Barbastro ha sido, probablemente aún lo es, una ciudad con múltiples facetas: comercial, agrícola, universitaria, episcopal, literaria, militar, industrial, turística, hospitalaria, ferroviaria… Algunas se han quedado en el camino y probablemente para siempre, pero la economía y la distribución de recursos escasos son, en definitiva, un juego de suma cero y la experiencia ya debería habernos enseñado que lo que nosotros perdamos, por dejadez o por lo que sea, otros lo encontrarán. Y no muy lejos de aquí. Es cuestión de no perder nada más y de potenciar lo que nos queda, que aún es mucho.

El envejecimiento de la población, las secuelas de la pandemia y la falta de médicos están estresando, no sólo en Barbastro, un sistema de salud también bastante envejecido y afectando a un hospital, el nuestro, que desde el principio, allá por los 80, ya se veía con recelo desde los órganos de decisión de la capital.

Los médicos son, desde luego, el elemento más importante del sistema, aunque sea necesario disponer de instalaciones y medios adecuados, y la escasez de profesionales será, lo es ya, el mayor problema, no su competencia ni su dedicación, como sugieren en determinados medios para sacarse el problema de encima. En Francia, en Inglaterra, en Alemania… les pagan mejor y, según dicen los que de vez en cuando salen por televisión, les permiten trabajar en condiciones más dignas tanto para ellos como para sus pacientes. ¿Cómo se puede resolver eso? Pues difícilmente, estoy de acuerdo, pero se podría empezar por detener el deterioro urbano de la ciudad y hacerla más vivible.

Para pedir a profesionales cualificados, y no sólo en el ámbito de la medicina, que construyan aquí su proyecto de vida hay que proporcionarles y de paso proporcionarnos, un entorno lo más digno posible y unos servicios suficientes y de calidad.

Hoy por hoy, a los propietarios de edificios en el centro les sale más a cuenta irse a vivir al extrarradio y dejar que sus casas se deterioren y arruinen, que mantenerlas en condiciones. Los constructores, con notables y honrosas excepciones, también prefieren construir en las afueras que arrostrar las dificultades y los gastos de hacerlo en el centro que, como consecuencia, se va deteriorando cada vez más.

En la calle General Ricardos, la arteria principal de la ciudad, hay algunos establecimientos con sus actuales titulares en edad de jubilación y sin relevo aparente. No es difícil imaginarse el aspecto que tendrá la calle si finalmente se ven obligados a cerrar. Ya hay ejemplos en la misma y en otras zonas comerciales de la ciudad.

Un día de estos habrá un debate sobre el estado de la ciudad, una interesante novedad que quizá llegue un poco tarde, dada la proximidad de las elecciones, pero que, aun así, no es algo superfluo.

Será, sin duda, una forma de descubrir que idea de ciudad tienen los concejales, si tienen algún proyecto y las causas de la parálisis actual que, de todas formas, viene de largo. También es posible, como no, que el debate se sustancie en un intercambio de reproches y en la aprobación, en el mejor de los casos, de propuestas de corto recorrido y nulo interés estratégico, pero hay que dar un voto de confianza, tanto al gobierno como a la oposición, y suponer que, lo que en realidad se proponen, es mejorar la ciudad. Pero ya veremos.

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