El calendario marcaba la jornada con especial atención para Barbastro. No era un día más en la Vuelta a España, al menos no para quienes crecieron junto a Sergio Samitier, el ciclista que, tras muchos kilómetros por medio mundo, regresaba a las carreteras que le han acompañado desde sus primeros pasos en el ciclismo. La Etapa 8 unía Andorra la Vella con Cerler, y el trazado incluía un puerto mítico en la memoria de la zona: el Ampriu.
La fecha estaba subrayada desde hacía tiempo. Vecinos, amigos y familiares habían señalado este día como especial. Para muchos, no se trataba solo de seguir una etapa más de la Vuelta, sino de acompañar a uno de los suyos en el regreso a casa. La Peña Sergio Sami, que desde hace años sigue los pasos del ciclista, organizó un punto de encuentro en plena ascensión. La idea era sencilla: que el corredor sintiera el calor de su gente durante su paso por «casa».
Durante la noche anterior, algunos simpatizantes recorrieron el puerto del Ampriu dejando sobre el asfalto mensajes trazados a tiza. Más de un centenar de pintadas fueron apareciendo en la penumbra, con un mismo mensaje: “Vamos Sami”. Al amanecer, esas palabras se convirtieron en una especie de hilo invisible que unía a todo el que pasaba con el ciclista barbastrense.
El enclave Samitier
La subida pronto se convirtió en un hervidero de aficionados. Muchos habían decidido ascender a pie, cargados con mochilas y banderas, mientras otros lo hacían en bicicleta para sentir, aunque fuera por un instante, la dureza del recorrido que poco después afrontaría el pelotón. La Peña, presidida por Toño Escartín, levantó un campamento a mitad del puerto. Carpas, música, comida y bebida hicieron de aquel lugar el punto más concurrido y animado de la ascensión. “Siempre que está Sami en una carrera tratamos de acercarnos a alguna salida o alguna llegada, pero es que esto es terreno Samitier. La Peña debía estar ahí con él”, explicó Escartín.
El ambiente era festivo, con maillots, cencerros que resonaban entre las montañas y familias enteras que compartían la espera. Había quienes se habían pedido un día de vacaciones para estar allí, conscientes de que aquella etapa no se repetiría con facilidad. “Hemos estado ocho o diez personas organizando todo este tinglado y lo importante ha sido disfrutar y que todo el mundo sepa el cariño que le tenemos a Sami”, añadió el presidente de la Peña.

Juan Ayuso se coronó vencedor
Mientras tanto, los seguidores seguían la retransmisión desde los móviles, atentos a cada dato, a cada movimiento del pelotón. La tensión crecía a medida que se acercaba el momento clave. Primero apareció Juan Ayuso, en solitario, demostrando fuerza en la subida y, finalmente, coronando como vencedor de la etapa con un tiempo de 4:49:41. Tras él fueron llegando otros corredores, uno a uno, entre el esfuerzo y el silencio expectante de quienes aguardaban solo un nombre.
Los padres de Sergio, Javier y Teresa, vivieron la jornada con una mezcla de orgullo y emoción contenida. Javier reconoció: “Dentro de lo que ha corrido este año, lo está haciendo bien, porque ha corrido el Giro y varias clásicas y a estas alturas de la temporada llega bien”. Sobre la multitud reunida para animar a su hijo, añadió: “Ha sido gracias a la simpatía que tiene él y el aprecio que le tiene a toda la gente. Eso sin duda es el éxito que tiene”. Teresa, por su parte, se mostró sorprendida: “Estoy alucinada con la peña, no me esperaba a tanta gente. De la Peña me esperaba a mucha gente, pero es que, además, hay mucha otra gente que tan siquiera es de la Peña aquí apoyándole”.
La espera terminó. Entre vítores y el repicar de los cencerros, apareció el corredor barbastrense enfundado en su maillot rojo y amarillo. No venía en el grupo delantero, pero eso importaba poco. Lo que ocurrió entonces fue un instante de comunión: vecinos, amigos de la infancia, compañeros de kilómetros y familia se lanzaron a animarle con todas sus fuerzas. Los gritos surgían desde lo más hondo, como si cada aliento pudiera empujarle un poco más hacia arriba. El ciclista, en respuesta, dejó ver una sonrisa amplia, una mueca de esfuerzo iluminada por la emoción de sentirse rodeado de los suyos.
Algunos no pudieron contener las lágrimas. El momento condensaba años de entrenamiento, sacrificio y sueños, unidos a la sencillez de compartir la carretera con el corredor que había nacido entre ellos. Ese instante, fugaz y eterno a la vez, quedó grabado en la memoria de los presentes.
Samitier concluyó la etapa en el puesto 32, a 5:01 del primero. Agotado pero satisfecho, no dejó pasar la oportunidad de reencontrarse con los suyos. Descendió hasta donde estaba la Peña y, entre abrazos, fotos y saludos, volvió a regalar sonrisas. El cansancio era evidente, pero también la ilusión de quien pedalea con el respaldo de todo un pueblo. Poco después, la Guardia Civil despejó la carretera y la jornada llegó a su fin.
El ciclista no escondió su emoción
El corredor no logró la victoria, pero se llevó algo que para él valía tanto como un triunfo: la compañía de los suyos. “Lo he vivido con mucha ilusión porque ha sido una etapa muy especial al ver a toda la gente ahí”, explicó después. “El plan ha sido subir tranquilo, pero al ver que estaba todo el mundo, he apretado”, reconoció. “He disfrutado muchísimo que es lo importante. Hoy era el día de coger la fuga, pero no he podido, ha sido una etapa muy dura”, añadió.
Mirando al futuro, la emoción no terminaba en el Ampriu. Mañana, la Vuelta pasará por Barbastro, su ciudad natal. Allí, la Peña volvería a desplegar pancartas y ánimos. “Mañana estaremos en el coso y colgaremos la pancarta. Estaremos toda la peña, con sus caras, su imagen y trataremos de empujarle todo lo que podamos”, adelantó Toño Escartín.
En la retina quedaba ya la imagen de un ciclista pedaleando en solitario, rodeado por voces que lo nombraban, acompañado por mensajes escritos en la carretera que subrayaban la unión de un corredor con su gente. “Es una barbaridad que se monta cuando está la Peña, ya sea en el Tour, en la Vuelta… Cuando lo organizan así es brutal”, concluyó el propio Samitier, consciente de que, en el Ampriu, no solo se disputó una etapa: se forjó un recuerdo que quedará en la historia del deporte barbastrense.