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Barbastro pedaleó con Samitier

Sergio Samitier encabezó el pelotón de la Vuelta a España pasando por Barbastro y dejando una instantánea histórica

Sergio Samitier, recibido por el calor de su gente en su casa, Barbastro. Fotografía: Jorge Mazón García
Jorge Mazón García Mazón García
30 agosto 2025

La mañana del sábado tuvo un aire distinto en Barbastro. Desde temprano, el centro de la ciudad comenzó a llenarse de vecinos que buscaban un lugar desde el que ver pasar la Vuelta Ciclista a España. La octava etapa, que había partido en Monzón y tenía como destino Zaragoza, atravesaba la localidad en un momento muy esperado: el regreso de Sergio Samitier, ciclista profesional nacido en Barbastro, que volvía a pedalear por las calles donde aprendió a montar en bicicleta.

La expectación se notaba en cada rincón. Las vallas cortaban el tráfico habitual, los cuerpos de seguridad ocupaban más espacio que en una jornada cualquiera, y las conversaciones giraban en torno a la misma idea: ver a “Sami” en su tierra. La última vez que la Vuelta pasó por Barbastro había quedado atrás en el tiempo, y aquel reencuentro adquiría un sentido especial para quienes le habían visto crecer.

Un paseo del Coso de gala

A medida que la hora se aproximaba, los vecinos fueron tomando posiciones. El Paseo del Coso se convirtió en el lugar más concurrido, casi como si se tratara del 4 de septiembre, día grande de las fiestas de la ciudad. Desde los balcones colgaban banderas y pancartas, muchas de ellas con un mismo protagonista: Sergio Samitier.

Una en particular llamó la atención, preparada por su grupo de amigos de toda la vida. “Nuestro grupo es un grupo que no se caracteriza por la organización. Entonces, estábamos Jorge y yo y pensamos que teníamos que hacerle algo a Sergio”, contaba Alfredo Pascual, uno de sus amigos más cercanos. “Lo empezamos a organizar el martes y no encontrábamos ninguna empresa que nos la hiciera, pero al final la encontramos. Queríamos hacerle un homenaje porque somos sus amigos de toda la vida”.

En la tela aparecía la imagen del ciclista, referencias a Barbastro, el logotipo de la peña «Poco a Poco» y los nombres de quienes han compartido con él su infancia. Entre esos nombres se encontraba también el de un amigo fallecido hace algunos años. Pascual lo recordó con emoción: “Siempre hemos sido diez y es un fastidio porque tendría que estar aquí hoy. Es un detalle bonito”.

Su grupo de amigos junto a la pancarta. Fotografía: Jorge Mazón García

La iniciativa no se quedó ahí. El mismo grupo lanzó una propuesta a través de las redes sociales: recibir a Samitier con las tradicionales pañoletas azules de Barbastro, las mismas que en unos días vestirían a la ciudad durante las fiestas. “La idea es que todo el mundo la saque y la ondee cuando pase”, explicaba Pascual. “El jueves empiezan las fiestas y es una bonita idea que pasara por aquí y viese Barbastro azul como si fuese un pasillo humano”. Para lograrlo, se repartieron las tareas: “Nos repartimos las tareas, uno colgaban la pancarta y otros difundían el tema de la pañoleta, así que subí una historia a Instagram y etiqueté a todo el mundo sin talento, hasta a amigos de Madrid”.

De sus primeras pedaladas a ciclista profesional

La llegada de la Vuelta coincidía además con un día señalado para el ciclista, apenas veinticuatro horas antes de su cumpleaños. “Cuando anunciaron que iba a pasar por aquí un día antes de su cumpleaños, el destino estaba escrito”, afirmaba Pascual. “Hemos visto a Sergio toda la vida, todo el mundo sabe quién es y es que se le veía cogiendo la bicicleta hasta para ir a buscar el pan”. Y añadía: “Con permiso de los demás, es el mejor deportista que ha habido en la historia de Barbastro y que corre la Vuelta… no es fútbol, pero al final, es la Vuelta a España”.

La multitud que se concentraba en el Coso reunía a vecinos de todas las edades: familiares, amigos, compañeros del Club Ciclista Barbastro, miembros de la Peña Sergio Sami y ciudadanos que, aun sin trato personal, lo sentían como alguien cercano. El rumor del pelotón se acercaba, pero los vehículos de la organización pasaban sin que todavía aparecieran los corredores. La incertidumbre aumentaba, hasta que llegó la noticia: Samitier se había escapado y rodaba en cabeza.

Samitier entró en el paseo del Coso

La tensión se convirtió en expectación. El murmullo crecía, los móviles se preparaban para capturar el instante. Y entonces, por fin, apareció. A la entrada del Paseo del Coso, el grupo de escapados cedió el primer lugar a Samitier. Ese gesto permitió que fuese él quien liderara el paso por las calles de su ciudad. La multitud respondió como un solo cuerpo, levantando las pañoletas azules, gritando su nombre, llenando de ruido un tramo convertido por unos minutos en “el coso de Sami”.

El propio ciclista correspondió al homenaje con un detalle especial: llevaba al cuello la pañoleta azul de Barbastro, símbolo de la identidad local. Pasó delante de la pancarta de sus amigos, saludó alzando la mano y continuó su marcha, dejando tras de sí un eco de voces que todavía resonaba después de que el pelotón se hubiera perdido calle abajo.

Para quienes habían seguido sus primeros pasos en el ciclismo, aquel instante condensaba muchos recuerdos. Las caídas en las calles de la ciudad, los entrenamientos compartidos con aficionados del club local, los kilómetros acumulados en compañía de vecinos que ahora lo contemplaban convertido en profesional. El niño que pedaleaba para ir a por el pan atravesaba de nuevo Barbastro, esta vez acompañado por la Vuelta a España.

«El coso es de Sami» se apreciaba sobre el asfalto. Fotografía: Jorge Mazón García

Pascual lo resumía con orgullo: “Yo que vivo en Madrid, que tengo amigos a los que les gusta el ciclismo, que conozcan a Sergio desde tan lejos es todo un orgullo, y más aún cuando le conoces desde los tres años”.

Tras su paso por la ciudad, la etapa prosiguió rumbo a Zaragoza. El resultado deportivo quedaría en segundo plano para Barbastro. Lo que había quedado grabado en la memoria de la ciudad era el momento en que su ciclista cruzó el Paseo del Coso, recibido por el calor de quienes lo vieron crecer.

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