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Secuencia de pensamientos

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Sección: MI PEQUEÑA PALABRA

Cuando saludábamos al 2020, mira qué número repetido decían algunos, el “champán” y la fiesta era lo obligado. En un comienzo de año hay que brindar y todo tiene que ser felicitaciones y buenos augurios. Ese era el guión. No es que este planeta nuestro estuviera para prometérselas muy felices ya que las potencias mundiales discutían y hablaban de nucleares y cosas de esas, el estado de bienestar era para los menos, los más seguían en ese mundo triste que no tiene ni lo esencial, desde las pateras unos llegaban y otros se ahogaban, entre nuestras familias había a veces más actividad que comunicación y a veces más trabajo que descanso, en referencia directa al planeta bastantes voces decían que la naturaleza o se cuida o se enferma pero que entonces la enfermedad sería para todos, y más cosas, pero había que seguir la fiesta: había empezado el 2020 y avanzaba el siglo XXI, nuevo siglo de las luces y de la razón. Otras cosas menos brillantes, sobre todo esas que se referían a asuntos internos de conciencia, moral, transcendencia, aceptación de los débiles y de las debilidades, espiritualidad, y otras con estos signos, eran cosas muy antiguas, nada progresistas y restos de un pasado que había que olvidar.

Y ahora, que no hace tanto de ese comienzo festivo del 2020, estamos donde estamos. Cada uno puede hacer ahora su secuencia de pensamientos. Y para hacer esa secuencia uno puede inspirarse en lo que ve, en lo que siente, en lo que oye, en lo que lee… Se me va el pensamiento a pensar que ahora hay en el mundo, y el mundo somos cada uno, fatiga, sed, deseo de salud, afán de vivir, miedo al futuro, palabras que esperan respuestas nuevas. Y he ido a leer en el Evangelio de Juan que un buen día Jesús, cansado y fatigado del sol y del camino, se sentó junto a un pozo para pedirle agua a una mujer samaritana que traía su cántaro, signo de su vida, vacío y solitario. Y sucede algo extraño. Leyendo despacio veo que Jesús le pide de beber a ella pero es él quien le da a ella agua para que viva; que en la conversación que tienen, Jesús se interesa por la vida de esa mujer, que estaba muy fragmentada, y se la llena de esperanza; que ella quería verdad y libertad y Jesús le enseña el camino del espíritu como camino seguro para tenerlas; y que aquella mujer, como despedida, se va gozosa a decir a los demás que hay alguien que ha podido, con el arma del amor, derrumbar todos sus castillos pero ofreciéndole unos nuevos y diferentes. Secuencia actual, me digo a mí mismo, para tiempos difíciles.