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Además de entrecavar, saben ser sensatos

Cuidada huerta en el entorno de Barbastro, hace unos meses. L. S.

Opinión
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Nuestra directora, Lolo Sampedro, publicó el pasado 21 un artículo que, con el título de La Norma que no sabe de entrecavar, hacía un completo y brillante recorrido por las vicisitudes incomprensibles que nuestras autoridades han provocado en la actividad de este país que más fácil era de reglamentar.

Como en todo lo demás, han ido variando, además, las condiciones necesarias para, aparte de hacerla imposible, mantener a buena parte de nuestros jubilados rurales, en un constante tormento.

Estuvimos estos años pasados aguantando aquellas campañas publicitarias contra la despoblación, la repoblación de la España vaciada, el despliegue de casi todos nuestros políticos a observar el panorama vacío, sin distinguir una zarza de un roble...

No quiero ni pensar el gasto que aquella campaña inútil supondría, para, al primer "tropezón" que se presenta, y déjenme que al virus en los huertos no le agrave el calificativo, arruinar para el futuro, el poco éxito logrado e impedir la plantación de los huertos que, a Dios gracias, se mantenían “vivos”.

No sé que habrá sido de aquellos repobladores, incluso algunos extranjeros, a los que se les facilitó vivir en pueblos abandonados, intentando practicar la “mazada alquezrana” de Con casa, corral y huerto, de hambre, jamás muerto.

El abuelo más analfabeto de nuestro mundo rural, hubiese podido asesorar a nuestros urbanitas políticos, sabiamente.

El huerto, con un solo hortelano, su azada, su motocultor, su saco de patatas o sus semillas de guisantes, de judías o de habas, o su planta de acelgas, tomates o cebollas, es fuente de ejercicio sano y de satisfacción para quienes, además, con pocos sueños más pueden recrearse.

Se proporciona la alimentación más fresca, sana y conveniente a su cuerpo, genera riqueza, dentro de su modestia, y evita ir al supermercado donde, sin duda, padecerá y provocará más riesgos.

No voy a enumerar las últimas condiciones impuestas porque me “esbarraré” en los calificativos.

Es una pena que nos haya llegado tan maldita pandemia, pero no podía llegarnos en peor momento, por la situación económica del país, pero es peor haber llegado cuando el numeroso gobierno que tenemos, y todas sus ramificaciones, fueron nombrados por conveniencia política, ignorando la necesidad de saber lo mínimo indispensable sobre los temas que se le van a adjudicar.

No se entiende de otra forma que, cada asunto que se toca, haya que reconocer el error al día siguiente e ir variando normas sucesivamente.

Reacciones tardías, compras de material sanitario inconfesables e inservibles, organización general deficiente y ya solo faltaba que hubiese quien despreciase la labor realizada por la UME, desmantelando lo realizado a pesar del déficit de instalaciones.

No es de extrañar nuestro liderazgo en todas las cifras, comparadas a nivel mundial, como tampoco es de extrañar que no haya dimisiones ni sustituciones.

Ojalá las actuales conversaciones con Europa concluyan con el rescate que propugnaba en mi artículo del pasado día 2, y nuestros socios del norte nos contagien su buen hacer y nos digan dónde podemos y debemos ahorrar.