Tribuna
Silvana Briones Piedrafita Al levantar la vista
Tribuna

Dadlo gratis

Silvana Briones Piedrafita Al levantar la vista
22 diciembre 2025

Dice la vieja guardia de la radio que la puerta de la Navidad se abre cuando las emisoras retransmiten a coro el sorteo de la Lotería. No deja de ser cierto, aunque diría que el pistoletazo de salida ya se escucha un tanto antes, con la salida de su famoso anuncio anual. Esta vez, su apuesta me resulta especialmente conmovedora. Se narra así la búsqueda del dueño de un décimo enmarcado; un décimo premiado que jamás llegó a cobrarse porque su valor sentimental superaba con creces el valor monetario del premio.

Si se presenta como tan emotivo es quizá porque el mensaje que materializa es ahora especialmente importante. En los últimos años, ha podido parecer que la Navidad se convertía en un mero escenario para un espectáculo comercial sin límite. Una especie de escaparate de apariencias, en el que la calidez de la puesta en común y del reencuentro –ya sea familiar, con amigos o lo que cada uno disfrute– ha sido enviada al fondo del cuadro. Su esencia misma, vaya, relegada por el atropello de un consumismo difícilmente justificable.

Pero ahí está ese abuelo, para el que el nacimiento de su nieto es más importante que un puñado de dinero. Ahí está ese abuelo para el que una vida compartida es un regalo más grande que cualquier otro bien que pudiera adquirir.

Uno ve esa escena y le resulta imposible no remitirse a algún momento de su propia vida. A un instante muy preciado que uno recuerda con el corazón colmado. Una mirada, un gesto, un detalle imperceptible para el resto. Uno recuerda con quién estaba o dónde, pero apenas si puede mencionar algún otro elemento material.

Regalar algo especial a un ser querido es un acto de gratitud que no merece pega alguna. Cabe preguntarse en todo caso si ese dar a los demás no está más vivamente reflejado en el décimo encerrado en su marco que en una pila de cajas debajo del árbol. O en una recogida de alimentos o juguetes, en un postre elegido a conciencia, en una mesa puesta con cariño. Gestos que, más que de gratitud, son de gratuidad: aquello que aparentemente no vale nada, que se da desinteresadamente, a lo que no podemos poner precio y que no puede ser comprado ni vendido. Gestos en los que más que dar, nos damos.

En el Evangelio según San Mateo, se hace un llamamiento a estos actos: sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad de su enfermedad a los leprosos y expulsad a los demonios. Gratis habéis recibido este poder: dadlo gratis. Se nos invita a dar gratis lo que hemos recibido gratis: nuestro tiempo, nuestro cariño, nuestro ingenio. Nuestro amor.

Este año, cuando se escuchen desde la radio los números cantados cinco cifras, no me cabe duda que estaremos todos pendientes de los décimos que llevamos. Entonces, podremos dar por comenzada la navidad. Pero pensemos también en nuestros dones, en qué podemos ofrecer a los demás que es sólo nuestro, aunque no figure en su lista de deseos. Pensemos, en definitiva, cuál es nuestro propio décimo enmarcado. Y démoslo, gratuitamente.

Suscríbete aquí a nuestra nueva newsletter

Más en Tribuna