En el pasado Congreso Nacional de Formulación Magistral, celebrado en Huesca del 28 al 30 del pasado octubre, tuve el honor de conocer a la Dra. Margarita Salas Falgueras.
En la primera impresión, me sorprendió su extrema sencillez, inherente a aquellos que no tienen nada que demostrar. Menuda, enjuta, lo decía todo a través de esos pequeños ojos cristalinos propios de quien ha vivido intensamente.
La Dra. Salas, es uno de esos quijotes de la ciencia que comentaba en el último Albarelo, quizás la mejor representación actual de aquellos que han nacido para investigar como camino hacia el servicio a los demás. Pionera en la área biomolecular, la Dra. Salas es fruto de un extraodinario esfuerzo al alcance de muy pocos y que la convirtió en una excepción en el páramo de la España de los años 50: mujer, investigadora y reconocida profesionalmente a nivel mundial.
Su curriculum da vértigo y sería imposible resumirlo en esta pequeña sección. Mano derecha del Nobel Severo Ochoa, pese a que se jubiló el pasado año, sigue trabajando en el Centro de Biología Molecular del CSIC con la misma ilusión del primer día. «Los científicos no se jubilan», sentencia.
En su paso por esta tierra, tuve la oportunidad de conocer de primera mano su visión acerca de la investigación patria «menos mal, no nos han recortado tanto como esperábamos», y de la docencia «los estudiantes no pueden quedarse aquí porque nos se les ofrece estabilidad» declara.
Leía en una entrevista que hubiera deseado ser artista, pero que al no tener suficiente talento, se hizo científica. Pero referentes como la Dra. Salas nos demuestran que también se puede hacer arte entre probetas.

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