Por Luis Escartín Azlor. Fisioterapeuta y Osteópata

La Osteopatía trata los desajustes o disfunciones articulares, musculares y vasculares del organismo, buscando el equilibrio entre la estructura (huesos, músculos, fascias, vísceras, glándulas, piel…)  y la función (respiratoria, cardiaca, digestiva, muscular), manteniendo así la salud en el cuerpo humano.
Cuando existe una alteración o lesión irreversible en la estructura está contraindicado su tratamiento, por ejemplo osteoporosis, artrosis, problemas neurológicos, etc.
La intención del tratamiento  no es mover el hueso de la articulación, no intentamos poner los huesos en su sitio, lo que se hace es dar la información adecuada en el punto que está fijado, produciendo un acto reflejo del tejido conjuntivo de la articulación.
Esto se realiza mediante unas técnicas manuales delicadas, para liberar estas áreas y aliviar la presión que se estaba ejerciendo, llamadas thrust.
La Osteopatía se divide en tres partes: estructural, visceral y craneal.
Después del tratamiento el paciente puede sentir unas reacciones  como calor, dolor muscular, escalofríos, relajación profunda… Debido a la modificación de la vascularización de la zona y al cambio de textura de los tejidos musculares, todo esto produce una nueva adaptación del organismo produciendo estos síntomas, los cuales remiten días después.
El tratamiento puede aplicarse a todo el mundo desde personas mayores hasta niños, aplicando a cada uno las técnicas adecuadas y el tipo de patología también son muy diversas desde dolores de ca-beza, sinusitis, tortícolis congénitas, dolores musculares (cervicales, dorsales, lumbares), esguinces, estreñimiento, etc.
Es fundamental que  la Osteopatía sea aplicada por un Fisioterapeuta o Médico que haya realizado la especialidad.


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