El descubrimiento de la penicilina por Fleming en 1929 y el posterior desarrollo de otros antibióticos, supuso la erradicación de muchas enfermedades mortales, y la consecuente idea de  que al encontrar el remedio, las dolencias infecciosas no iban a suponer en absoluto, un problema para la salud del ser humano.
Pero un mal uso, en muchos momentos abusivo de los antibióticos, utilizados incluso para tratar enfermedades causadas por otros microorganismos como los virus, frente a los que los antibióticos no sirven de nada, ha generado la aparición de resistencias, con graves consecuencias para los sistemas de salud.
Cuando hablamos de que una bacteria es resistente al efecto de un antibiótico, nos referimos a los sofisticados mecanismos de defensa que han aprendido a desarrollar como protección frente al medicamento, para sobrevivir a él y transmitir esta capacidad a otras bacterias.
En la actualidad, y pese a disponer de más de doscientos antibióticos diferentes, las bacterias son una de las principales cauas de enfermedad en todo el mundo. Aunque parezca mentira, gran parte de nuestro planeta sigue sufriendo los efectos de la tuberculosis, la lepra o la disentería.
En concreto, en los países desarrollados, donde la esperanza de vida ha incrementado notablemente gracias a las medidas en salud pública tales como la higiene o las vacunas, se atiende cada vez con mayor frecuencia a pacientes con infecciones tan sólo tratables con uno o dos antibióticos debido a las resistencias.
Sin ir más lejos, España se encuentra entre los países de Europa con mayor consumo de antibióticos por habitante, concentrado principalmente en invierno, donde la incidencia de infecciones respiratorias es máxima, la mayoría de ellas causadas por virus, tales como la gripe o el catarro común. Además, también somos el país con una de las mayores tasas de automedicación y acumulo de antibióticos en nuestros botiquines.
Frente a esta situación, debemos pararnos a pensar que cada vez que tomemos un antibiótico sin verdadera necesidad, estamos causando mecanismos de resistencia que tarde o temprano, podrán causar una infección que ponga en grave riesgo no sólo nuestra salud, sino también la de nuestra familia, comunidad y a la sociedad en general.

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