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Opinión Editorial

29 de enero de 2016

Ha habido relevo en la coordinación de los Premios Literarios de Barbastro, una de las señas de identidad culturales más potentes de nuestra ciudad, que pasa ahora a manos de María Ángeles Naval. Barbastrense, conocedora en profundidad de estas convocatorias por, entre otras cosas, su experiencia como jurado en el de Poesía, ha manifestado que trabajará por afianzar estos premios como lo que son: los más importantes de Aragón.

En los últimos años, se ha impulsado su proyección internacional y se ha buscado su reflejo en el panorama nacional, caminos en los que, a buen seguro, habrá que ahondar. Queda quizá pendiente una mirada a la difusión aquí, en su casa, con el rayo de esperanza que en este particular puede suponer la buena respuesta del público a la presentación de los últimos trabajos ganadores, junto a sus autores, en la Biblioteca. Pero en Barbastro, la ciudad que los engendró, muchas personas desconocen el origen, la historia y la actualidad de estos premios, signo de un esplendor cultural que ha de ir encontrando su espacio y su tiempo.

Los Premios de Novela Corta y Poesía han alcanzado, no sin dificultades, una plena madurez y en su recorrido han amparado el nacimiento de otras convocatorias que necesitan fortalecerse asentarse, reclamar su papel e ir escribiendo su propia historia de autores, títulos y premios. Nuevas historias que fortalezcan el orgullo, literario y local, por las letras, la escritura y las palabras, que han ido tejiendo el éxito de estos premios literarios.

 

22 de diciembre de 2016

Una pequeña semilla, cuidada y atendida, es esperanza de una gran cosecha. La Jornada de la Infancia Misionera, que se celebra en la Iglesia desde el año 1843, es así: pequeña semilla y gran cosecha. Nació como una iniciativa humilde integrada por un grupo de niños. Sólo se les pedía que rezaran un avemaría al día y que ofrecieran una pequeña limosna al mes para ayudar a otros niños. Con el paso del tiempo ha crecido y se ha desarrollado hasta el punto de cobijar bajo sus ramas a millones de niños procedentes hoy de más de 130 países. Su finalidad es ofrecer a los niños algunos recursos para crecer y madurar como personas y como cristianos, a través de la labor educadora de sus padres, maestros y catequistas. Como dice el Delegado Nacional de las Obras Misionales Pontificias, Infancia Misionera no es un «verso suelto» en el contexto de la formación integral de los más pequeños sino que se inserta armónicamente en el paulatino desarrollo de la iniciación de los niños a la fe y a la vida cristiana.

Este año el lema se centra en una sola palabra: «Gracias». Con él se pretende ayudar a los niños a descubrir el origen de lo que son y de lo que tienen. Con la mirada puesta en la fe se les invita  a contemplar a Dios como creador del universo y Padre que cuida de las personas y de las cosas para que toda la creación alcance la felicidad. La acción de gracias nace así, de forma natural, como respuesta por los dones recibidos.

Los dones de la creación, de la vida y de la fe, por los que se da «Gracias» en la Jornada de este año, son, en definitiva, dones recibidos que nadie ha conquistado por sí mismo. Porque son regalos, deben ser agradecidos, además de valorados y cuidados. Los avances tecnológicos de nuestro tiempo pueden crear el espejismo de que el hombre puede con todo y llevarlo al delirio del orgullo y la soberbia. Educar en el agradecimiento es el mejor antídoto contra el mal de una autoafirmación narcisista que acaba destruyendo al hombre. Saber decir «Gracias», como nos dice este año el mensaje de la Infancia Misionera, es una verdadera sabiduría.

 

 

15 de enero de 2016

Cuando nuestros representantes políticos dicen que han entendido el mensaje de las urnas, lo que realmente han querido decir es que los resultados pueden interpretarse y que esa interpretación, aunque no lo reconozcan, siempre la harán de la forma y modo que más ventajoso resulte para sus partidos y, lo que es peor, para ellos mismos. Habría que rastrear las hemerotecas para dar con algún electo que, a partir del reparto de votos concluya, que los electores le han querido mandar a su casa, al restarle escaños o concejalías. Y ya puestos, que además de constatarlo, capte el mensaje completo y se vaya.

En Cataluña, lo que manifestaron los electores el pasado 27 de septiembre, no dejaba el asunto de la independencia todo lo resuelto que a Artur Mas le hubiera gustado así que, como él mismo ha dicho, «aquello que las urnas no nos dio directamente se ha corregido con la negociación». La frase, que da escalofríos, resume bastante bien lo que para algunos significan los votos: una simple herramienta con la que construir, destruir acaso, planes y proyectos que obvian los resultados electorales.

La comunicación política, nutrida de sociólogos y asesores que indican qué, cómo y cuándo emitir un mensaje e, incluso, qué ponerse para resultar fiable, ya se ocupará de construir argumentos para convencer a los votantes de que, en primer lugar y por favor, la próxima vez voten más claro. Y, en segundo lugar, que afortunadamente ellos, nuestros representantes, gozan del poder cuasi divino de leer entre papeletas para adivinar lo que el electorado, el suyo y el ajeno, dicta.

Con estos mimbres se ha ido tramando un auténtico abismo de separación entre esa esfera de lo público, donde se decide qué leyes nos regirán y cómo se aplicarán, y la de lo privado, en la que nos sometemos a ese imperio que por muy ajeno que nos resulte se nos hace cotidiano. Sumemos a estas circunstancias el peligroso espejismo de considerar que más voces pueden significar más participación: visto lo visto, de momento, solo significan que para entenderse van a necesitar un diccionario.

8 de enero de 2016

El tópico de que las comparaciones son odiosas tiene un lógico corolario que completa la afirmación:?solo son odiosas para el que queda peor parado en la comparación. Por eso, en lo que a pistas de atletismo se refiere, muchos optan por cerrar los ojos a una realidad que no necesita calificativos. En nuestra provincia, Huesca capital, Monzón y Fraga cuentan con pistas de tartán;?en Binéfar, Tamarite y Graus, también disfrutan de unas buenas instalaciones. En Barbastro, volviendo a los tópicos, ni están ni, lo que es peor, se las espera.

En el último Campeonato de Aragón por equipos de pista cubierta, sólo dos de los dieciocho equipos participantes no disponen del re- cinto atlético adecuado: el Tragamillas de Alcañiz y el Club de Atletismo de Barbastro. Por fortuna, esta carencia de medios no se traduce en los resultados deportivos y la cantera local, del CA?Barbastro y otras asociaciones deportivas, cosecha medallas y marcas en todas las citas a las que concurre. Sus éxitos responden al sobreesfuerzo de atletas, entrenadores y clubes, obligados a entrenar sobre superficies inadecuadas o, si desean perfeccionarse para seguir en la competición, a desplazarse a otras localidades para entrenar.

Esta práctica se ha perpetuado desde que hace once años se desmantelaran las pistas de atletismo de nuestra ciudad para construir el campo de fútbol de césped artificial, con el compromiso de un complejo deportivo que tendría unas modernísimas y completas instalaciones. En este tiempo, no han sido pocos los deportistas barbastrenses que, ante la carencia de medios, han acabado militando en clubes de otras localidades. Otros, que practican deporte como afición, frente a la disyuntiva de coger el coche dos o tres veces por semana para entrenar en Monzón o en Huesca, han optado por abandonar la modalidad atlética escogida, sobre todo en categorías inferiores.

A lo largo de esta década, el Ayuntamiento no ha sabido dar respuesta a la demanda existente ni tejer una argumentación que se sostenga para explicar por qué Barbastro, cabecera de comarca, tercera ciudad de Huesca en número de habitantes, no tiene en 2016 unas pistas de atletismo. La culpa, nos cuentan, es del Gobierno de Aragón, del Gobierno de España, del techo de gasto, del equilibrio económico o de eso que ahora llaman reprogramación de los proyectos y que toda la vida ha sido retrasar las cosas. «Once años sin pistas de atletismo», reivindicaron en la San Silvestre unas jovencísimas atletas que, mucho tiene que cambiar la cosa, no entrenarán en las pistas de su ciudad.

 

30 de diciembre de 2015

Para ser sinceros, cada año cuesta un poco más enfrentarse a esta carta que, confiamos, llegue a vuestras manos en tiempo y forma, habida cuenta de que la tradición epistolar languidece empujada por el encanto de la inmediatez que ofertan los whatsaps y los emails. Como os sabemos lectores de El Cruzado, esperamos que nuestras peticiones sean leídas y acaso tenidas en cuenta; pero no es ésta sino otra bien distinta la causa que convierte en ardua la tarea de escribir nuestros renglones: el enfrentamiento entre la ilusión, el deseo de creer, la fe incluso, con una realidad que tantas veces nos abofetea.

A ella hemos de sobreponernos y con esfuerzo, entonces, cumplamos el rito y enunciemos la lista de peticiones, encabezada por el deseo de contar solo buenas noticias a lo largo del próximo año y, ya puestos, los venideros. Que la bondad de las personas se imponga en los titulares y en las imágenes, que suba a nuestras portadas y esté presente hasta en el crucigrama. Ojalá podamos narrar que los proyectos se van cumpliendo y que Barbastro y su comarca caminan hacia un futuro halagüeño para todos, con empleo, vivienda, y necesidades básicas garantizadas para los de aquí y los que van llegando de otras tierras, perseguidos por el hambre o la guerra. Queremos escribir que, por fin, nuestros gobernantes dan muestra de esa grandeza política que tanto se les reclama y tan poco, ay, se deja ver, atrincherado cada uno en su discurso y en sus particulares intereses.

Para ello, amigos Melchor, Gaspar y Baltasar, hemos de solicitaros una mirada nueva, una visión certera y un oído atento, discernimiento para escoger las historias y claridad para saber contarlas sobre el papel. Os pedimos modestia, para ser testigos y no protagonistas y, sobre todo, fuerza para escribir, sobre todo, cuando la verdad escuece, señala o molesta.

Cada año, majestades, la lucha entre la magia y la razón deja heridas de desencanto en el campo de batalla;?cada año, quizá por eso, abrimos más la ventana aguardando vuestra llegada, confiando, anhelando que vuestros sacos escondan algo de lo que os pedimos.

 

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