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Opinión Editorial

22 de abril de 2016

Es el mejor título, –es todo un programa de vida–, Amoris laetitiae, el que lleva la Exhortación Apostólica que ha firmado el Papa Francisco sobre el amor en la familia. Documento importante, esperado y muy personal de este Papa que lleva el sello de ser más espiritual que jurídico, más pastoral que doctrinal. Establece la verdad estable del matrimonio cristiano cuando, en nuestro tiempo, los lazos sociales y afectivos son endebles y se impone lo light en lo sentimental por encima de la solidez del amor único y fecundo.

Nadie duda hoy de la complejidad de la vida fa-miliar. Pero esto lo que hace es exigir más la necesidad de estar cerca de las personas tratando de acompañarlas y de comprenderlas en su situación. Esta Exhortación Apostólica no debe en-tenderse como un final de las reflexiones sinodales sino más bien como el principio de una nueva etapa de reflexión y compromiso en lo que se refiere al mensaje cristiano sobre la familia y al proyecto de la familia cristiana. Las orientaciones del Papa promueven un nuevo camino en la pastoral familiar y un ánimo renovado en la atención a todas las familias que avanzan con frecuencia con pequeños pasos y con luces y con sombras. A veces se aumentan las dificultades y el amor no avanza. Hay situaciones límite que parece que llegan a su fin. Sin embargo, para el amor de Dios, nos viene a decir el Papa, nadie está lejos y no hay situaciones irremediables.

El Papa explica cuál es el gozo del amor cristiano en la familia y cómo es ésta en el plan salvador de Dios, pero también se detiene a considerar las nuevas situaciones de nuestro tiempo en las que hay nuevas formas de matrimonio, parejas de hecho o divorciados vueltos a casar entre otras realidades sociales actuales. En medio de esta pluralidad hay situaciones muy distintas y el Papa invita al discernimiento. La pastoral concreta de estas situaciones que llamamos difíciles, de-be ser entendida a la luz de la doctrina y es cosa «secundaria» en el sentido original de que viene después de lo que es «primario».  Si se entienden bien los principios del Papa también se entenderán las consecuencias pastorales que de ellos se derivan. Y hay que leer las dos cosas: los principios y las consecuencias. Para estas situaciones difíciles, más que dar normas nítidas y contundentes, lo que hace el Papa es retomar el principio moral de la gradualidad, invita al discernimiento, asume la via del «fuero interno», destaca las situaciones atenuantes en la pastoral y sitúa en el centro la lógica de la misericordia. El equilibrio anda entre verdad y caridad, entre justicia y misericordia.

Consideramos que la lectura íntegra del documento puede ayudar a la formación, a la conversión, a construir puentes y a vivir y a testimoniar la alegría del amor. 

 

15 de abril de 2016

El pasado sábado la UNED de Barbastro acogió las primeras Jornadas de Pediatría Social, homenaje y recuerdo a Andrés Martínez Vargas. Baste un dato para situar el valor del personaje: cuando el barbastrense creó en su ciudad el primer Instituto Nipiológico, morían entre un 60 y un 70 por ciento de niños. Repetimos para que se retenga: morían entre un 60 y un 70 por ciento de niños. Gracias a su trabajo la cifra se redujo a un 6 por ciento. Un 6 por ciento. Martínez Vargas libró del dolor incurable de la pérdida de un hijo a cientos de familias, y no es descabellado inferir que quizás muchos de los que vivimos en esta ciudad le debemos la vida. El número es incalculable, porque su obra fue puesta en práctica en todo el mundo y aún hoy sigue plenamente vigente.

Coincidió esta Jornada con la tercera edición de Charangueando. Quede claro que no pretendemos comparar las dos actividades, bien distintas, obviamente, ni de menospreciar la exitosa fiesta callejera, ni su bondad musical, sólo sometida al albur de los gustos particulares. Pero hay hechos que no se pueden ignorar y que sí se de-ben ponderar.

Por ejemplo, el desproporcionado apoyo institucional a uno y otro acto. Puede argumentarse que el Consistorio ha depositado la organización de la Jornada Científica en la UNED, centro que subvenciona generosamente, y que quizá por eso solo ha presupuestado para esta actividad unos exiguos 1.000 euros. Pero más allá de su financiación, la importancia del personaje obliga al Ayuntamiento a una presencia más generosa que la fugaz intervención en el acto inaugural, dada la disponibilidad de concejales que pudo advertirse en Charangueando.

También obliga la figura y su obra a la difusión de las Jornadas. Cuando otras citas no directamente organizadas por el consistorio y sólo subvencionadas se incluyen en la agenda cultural del trimestre, la Jornada fue ignorada en la programación y apenas mencionada en otros medios de difusión municipal. Por citar sólo uno: en el facebook del Ayuntamiento de Barbastro, hasta catorce entradas con unas veinte imágenes y vídeos promocionaban Charangueando; sólo dos para la Jornadas Científica y ninguna de ellas previa.

Martínez Vargas, hombre de carácter y firmes convicciones, seguramente hubiera pasado por alto, quizá afeado, tales menosprecios, pero nunca hubiera dejado de señalar otra gravísima circunstancia, ante la que ni las instituciones ni las personas pueden quedarse de brazos cruzados: La edad de consumo de alcohol, alertaron las Jornadas, se ha adelantado a los diez años. En la UNED los expertos sanitarios advertían de la labor clave de la educación en la solución de asuntos tan terribles como el maltrato infantil y las drogodependencias. Pero mientras esto su-cedía, desde primera hora hasta su término, Charangueando tomaba la calle unida al consumo de alcohol, igual que ocurre con la cabalgata de septiembre; dos fiestas emparentadas con la infancia y la juventud que están amparadas por el Ayuntamiento.

Martínez Vargas es un héroe local. Barbastro debe sacar pecho y hacerse con el prestigio que tuvo la ciudad en vida del ‘Padre de la Pediatría’. Y, sobre todo, las instituciones no pueden dar la espalda a su herencia, con esa permisividad asumida y jaleada hacia el consumo de alcohol en las calles, que sólo nos perjudica en salud e imagen. 

 

8 de abril de 2016

Es malo el mal. Y más, silenciarlo. Y no debemos silenciar lo que están malviviendo, y malmuriendo, los llamados refugiados, que ya no son tales, sino expulsados por la guerra de un sitio y devueltos a otro, no se sabe muy bien cómo y por qué, aunque los gestores de la Unión Europea quieran explicar la legalidad de todo esto. 

La Unión Europea, sabemos qué es, pero no sabemos, de nuevo, muy bien si nos representa a todos los europeos, ha firmado un acuerdo con Turquía, país inseguro del todo porque allí prosiguen los atentados yihadistas, para devolver a este país a todos los inmigrantes irregulares nuevos llegados a Grecia a partir del pasado día 20 de marzo. El problema es, a nuestro entender, que este acuerdo, que fue suscrito por todos los países de la Unión Europea, no acaba de satisfacer las mejores expectativas de los que creemos que buscamos el bien de la humanidad.

Nos adherimos a lo manifestado por las entidades de acción social de la Iglesia en España –Cáritas, CONFER, Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz– que rechazan el citado Acuerdo, del 18 de marzo pasado, entre la Unión Europea y Turquía sobre personas refugiadas. Dicho acuerdo, afirman estos grupos,  «evidencia el fracaso de la Unión Europea en la adopción de una política común de asilo y en brindar protección a las personas refugiadas, otorgando prioridad al control de fronteras. Europa está negando abiertamente la hospitalidad a quienes abandonan involuntariamente sus hogares huyendo de la guerra, la persecución y el hambre. Lo calificamos de deshumanizante y discriminatorio y dudamos que sus medidas puedan aplicarse».

El viaje de ida de estas personas, familias enteras que tuvieron que abandonar todo lo suyo, ya fue un drama insultante para nuestro ya cansado de tragedias siglo XXI. Ahora, este viaje de vuelta, nos parece que es añadir más dificultades injustas al sufrimiento. Nos damos cuenta de que son momentos complicados para Europa y de que gestionar esta crisis es muy complejo. Pero la Unión Europea debe emplearse a fondo en esta batalla porque está en juego su propia credibilidad. Todos deberíamos sentirnos corresponsables en Europa y procurar honradamente hacer las cosas con legalidad y con justicia. 

 

1 de abril de 2016

Hace años ya que la Junta Coordinadora de Cofradías de la Semana Santa barbastrense hace pedagogía e insiste en que el vertiginoso recorrido que comienza con el populoso recibimiento de Jerusalén, que incluye traición, dolor, escarnio, sangre, muerte y lágrimas de una madre, solo tiene sentido si, al final, el luto cae y la vida se impone. Despertó las sonrisas el padre Lezama en el Pregón al anunciar «hemos nacido, hemos nacido», una sencilla observación en la que insistió señalando el júbilo que produce una vida nueva, la de cualquiera, hermano de todos. De todos.

Hermanos muertos en Bruselas, en Pakistán, en el mar, intentando cruzar la frontera que separa la vida y la muerte. Familias en las que nos reconocemos se hunden en el barro y en la desesperanza de los campos de refugiados, con una valla de espino en el horizonte. Qué difícil sobreponerse al llanto de cada día, qué complicado asirse a la esperanza y qué sencillo, al tiempo, convertirlo en cotidiano.

El mensaje es viejo. No busquéis entre los muertos a la vida; abrid la mirada, reconoceros en el otro, en el hermano, celebrad que habéis nacido, que estáis aquí. Pero id más allá, no basta con la contemplación y el sentimentalismo. Buscad entre los vivos, dadles la mano y tirad de ella. Porque cuando un hombre muere, todos perdemos a un hermano.

 

18 de marzo de 2016

La Semana Santa de 2016 llega. Como siempre y distinta. Es, por supuesto, la de siempre. Y pensamos que no se celebra bien si se olvida lo esencial. Es un tiempo de gracia singular para hacer memoria agradecida y convertida de una historia excepcional: la de un Dios que amó tanto al mundo que le entregó a su propio Hijo para que ese mundo fuera salvado. Y el mundo fue salvado con su pasión, muerte en la cruz y resurrección. Le Semana Santa ha vuelto a llegar este año y no sería lo mejor perderse lo de siempre, lo esencial. A través de las celebraciones litúrgicas, todas muy densas y llenas de contenido espiritual, la Iglesia Católica ayuda a sus fieles a entrar en el misterio. Participar esos días en las celebraciones es un modo concreto de vivir lo esencial. Sin esto se perdería el corazón, el don precioso, de la Semana Santa.

Y llega distinta. Cada uno sabe sus propias circunstancias pero, en su conjunto, no podemos olvidar este año el drama de los refugiados, de los que tienen que sufrir el horror de la guerra, el exilio, la marginación y la pobreza material y humana. No podemos callar esta vergüenza. 

Desde aquí se puede pasar a un segundo aspecto de la Semana Santa, importante y en aumento, como es su dimensión pública a través de las Cofradías, sus Pasos y sus procesiones. Nos alegra que esto sea así y, como decíamos, miramos este resurgir de cofrades y cofradías con esperanza. Pero queremos subrayar la necesidad de seguir trabajando por una Semana Santa sin separaciones entre lo que hemos llamado esencial y lo que acabamos de llamar de dimensión pública. No debe haber separación entre su esencial dimensión de celebración de la fe y de manifestación pública de la misma a través de actos celebrados en la calle que además, en nuestra ciudad, están alcanzando cotas altas de rigor y perfección.

Si hacer el equilibrio es importante en todo, en el asunto de la fe es asunto primordial porque viene a resultar real que parte de la fe de cada uno depende también de cómo ve que viven su fe los demás. Un cristiano debe medir mucho qué hace con su fe y con su vida. Y esto vale, naturalmente, para un cofrade de cualquier cofradía de Semana Santa.

A esto nos referíamos con lo de no hacer separaciones. Hay que vivir estos días con identidad y con raíz cristiana y aunarlo bien con la tradición, la piedad popular, la belleza de los Pasos y la solemnidad de las procesiones.

 

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