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Opinión Editorial

11 de junio de 2010

Puede ser que ya no sea suficiente decir que hay crisis. Puede ser que haya que ir ya al verdadero fondo de la palabra y darse cuenta de que esta crisis económica produce pobreza y hambre en la España real del día a día y en las personas concretas que experimentan que cada día les pesa más el día. Según un Informe de Cáritas, la pobreza afecta a un millón de personas más después de dos años de crisis económica y ahora hay en España nueve millones de personas que viven en la pobreza. Estas cifras significan un 22,7 % de la población. Esta cifra comprende a aquellos que viven en una «pobreza moderada», es decir, que ingresan 6.000 euros al año y a los que son pobres «severos», que ingresan menos de 3.000 euros al año.

Los datos provienen de un estudio elaborado por la Fundación Foessa para Cáritas que analiza «el primer impacto de la crisis en la cohesión social en España».

Nuestro país aglutina al diez por ciento de los 84 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza en toda la Unión Europea. Los hogares en los que hay un fuerte desempleo se han incrementado en un 2,3 % y las familias que tienen dificultades para su vida cotidiana crecieron un 11,4 %. El secretario general de Cáritas Española, Sebastián Mora, ha subrayado que la exclusión social ha subido en España un 13,5 por ciento en los dos últimos años y previó que «a corto y medio plazo la pobreza va a aumentar». Estos datos, que son cifras con rostros e historias personales, tienen que resonar como voz de alarma en todas las conciencias.

En Madrid se celebró el pasado fin de semana el Congreso Europeo sobre Pobreza y Exclusión Social. El Presidente de Cáritas Europa, Erny Gillen, señaló que entre las propuestas que presentará a la Presidencia española de la Unión Europea figura reducir en diez años la pobreza en un 30 %. Cáritas pide para esto a los gobiernos la Inclusión Activa para la reintegración social a través de un empleo decente y de calidad. Propone igualmente, y en mismo período de tiempo, reducir la pobreza infantil. Para ello se debe reducir en un 70 % el número de menores que viven en familias por debajo del umbral de la pobreza. Propone además destinar un 10 % del suelo urbanizable a vivienda social pública, reducir el desempleo juvenil y dejar en menos del 10 % el nivel de abandono escolar que está actualmente en un 30 %. Hay que agradecer a Cáritas que sea, en este momento, la institución de la Iglesia Católica que pone corazón y misericordia concreta en la vida de los pobres con capacidad para sugerir soluciones a los problemas.

4 de junio de 2010

Nos comprometemos a considerar el medio ambiente en nuestras actuaciones, políticas y toma de decisiones. La protección del medio ambiente debe ser una prioridad esencial de la política rural, que incluya la protección del paisaje y los recursos naturales.» Así comenzaba la conocida como Declaración de Barbastro, un compromiso formal hacia el desarrollo rural sostenible, que resumía en media docena de puntos las principales conclusiones del segundo Salón de Ecología y Medio Ambiente, SENDA. Era octubre de 1999 y el propio Ayuntamiento, por unanimidad, acordaba adherirse al documento que suscitó comentarios elogiosos, antes de dormir en las hemerotecas.

Once años y nueve ferias después, el balance de este certamen y del Congreso que en esta ocasión lo ha precedido resulta desigual. Por un lado, las interesantes convocatorias han resultado, por su cuantía, algo confusas: ponencias, debates, mesas redondas, jornadas, exposiciones, venta, entrega de premios, anuncio de inversiones, concurso de quesos, reinvindicaciones sobre dos ruedas, reunión de montañeros... Por otro, la respuesta del público no ha sido la esperada, algo que también ha ocurrido en otros salones y que debe mover –ya, por favor– a una seria reflexión sobre para quién se hacen estas ferias.

Para quién y para qué. Porque difícil sensibilización ciudadana puede lograrse en una ciudad cuyo Ayuntamiento no convoca reuniones de la Agenda 21 Local, con una concejalía de Medio Natural que en estos últimos años se conoce básicamente por el reciclaje de aceite y la polémica campaña de las bolsas reutilizables, y con escasísimos medios y voluntad, por ejemplo, para luchar contra la contaminación acústica, a pesar de que existe una Ordenanza sobre el ruido.

Esto de la sostenibilidad, que sirve igual para una ley económica que para un proyecto de ingeniería, empieza a sonar vacío. Aunque sus huecos los van llenando iniciativas concretas y modestas: la Asociación de Hortelanos, con su apuesta por la modernidad de la huerta, la  plataforma ‘Barbastro en bici’, clamando por espacios en los que circular, o la Comarca y el CEDER, que están devolviendo al olivo un orgulloso protagonismo económico y social.

«Nos comprometemos a formular propuestas y actuaciones que desde un enfoque local y participativo impliquen a la población en la mejora ambiental a través de proyectos de ámbito local», rezaba el cuarto punto de la Declaración de Barbastro, que ya posicionó hace muchos años a esta ciudad en la vanguardia de lo medioambiental.

28 de mayo de 2010

Hay pocas palabras que en estos últimos meses hayan sido tan citadas como la palabra  crisis. Tan abundantes como su propia polisemia, resultan las explicaciones que unos y otros ofrecen sobre la misma. Mientras desde una perspectiva macroeconómica existen múltiples coincidencias a la hora de analizar las causas y efectos de esta incierta situación; bajos índices de natalidad, escasa productividad, aumento desquiciado del gasto público, caída de los ingresos fiscales, amplios beneficios sociales, costosos sistemas de salud, educación deficiente, etc. Causas que, cada día que pasa, parecen dibujarnos más nítidamente un horizonte dilatado de austeridad y cambios sustanciales  en nuestro cómodo estilo de vida.

Una vez que esos cambios sustanciales empiezan a encarnarse en los ciudadanos, por ahora pensionistas y funcionarios, empiezan las lecciones de microeconomía. Se hace inevitable que quienes desde una situación de modestia y precariedad en muchos de los casos, sufren en sus peculios los primeros recortes, miren desconfiados hacia su alrededor y se hagan una pregunta elemental: ¿Por qué yo sí y esos no? Y es que, si se mira con atención, en muchas ocasiones lo que se ve es cuando menos impúdico. Y de ahí nace una creciente desafección, que se generaliza día a día, hacia la clase política. Por eso el ciudadano, el contribuyente se pregunta, no siempre con la serenidad necesaria, por qué tiene que soportar tantas administraciones superpuestas, tantos cargos de confianza, tantos enchufados, tantos latisueldos, tantas dietas, primas, subvenciones, gabelas y beneficios mil de unas administraciones que parecen más pensadas para beneficiar a sus miembros que para servir a la sociedad.

Lo hemos escrito en muchas ocasiones. Si los ciudadanos tienen que apretarse el cinturón, y a muchos ya no les quedan agujeros, la Administración debe ir por delante soltando lastre de verdad, en todo aquello que consista en gasto puramente consuntivo y prescindible. Los ciudadanos, antes de pagar más tasas y contribuciones, van a exigir muchas explicaciones sobre el cómo y el dónde del gasto público. Los tiempos han cambiado, los cambios parece que han venido para quedarse mucho tiempo, y los cambios tienen que afectar a todos, a los ciudadanos,  a los políticos y a los politiquillos también.

21 de mayo de 2010

Mucho esfuerzo hay que hacer para no interpretar como artera maniobra el último posicionamiento del Obispado de Lérida en el litigio de los bienes. Nos referimos, como el lector habrá intuido, al que adoptó el martes pasado durante la audiencia pública en la que se veía la demanda de los Amigos del Museo, que pretenden dejar zanjada la propiedad ilerdense de los bienes en cuestión. No sorprendió la argumentación de los Amigos, aunque no podamos estar a favor de la solidez de sus argumentos. Pero lo que oímos en boca del letrado del Obispado de Lérida nos produjo pasmo e indignación.

El letrado, coreado por los representantes de su Obispado, aceptó, en contra de lo que había manifestado hasta ahora, la legitimación de los Amigos para intervenir en este pleito y pretendió probar que los bienes cuestionados son de la Diócesis ilerdense, sin sentirse constreñido por la obediencia debida a las superiores decisiones de la Iglesia en este asunto. Con un desparpajo que pasma, afirmó que acatan pero no comparten el decreto de la Signatura Apostólica, por eso están ahora ante la jurisdicción civil pidiendo justicia. Y no paran aquí los dislates. Reiterada y rotundamente afirmó el letrado que no han acudido como Iglesia, sino como unos ciudadanos más. ¿Puede alguien entender qué clase de persona jurídica es ese Obispado si no es Iglesia?

Al son de lo oído en esta audiencia pública, se agiganta la sospecha de que la astucia de la maniobra está teñida de mala fe. Fueron ellos los que acudieron al arbitraje de la Santa Sede frente a la presunción de depósito que alegaba el Obispado de Barbastro-Monzón. Y cuando el Tribunal eclesiástico no les da la razón, aprovechan la demanda de los Amigos para ver si consiguen que un Tribunal civil falle a favor de sus tesis. ¡Y querrán que sigamos creyendo que están dispuestos a obedecer a la Iglesia!

14 de mayo de 2010

No deja de ser una buena noticia la de que el próximo lunes se restablecerá el sentido de circulación inicial de bajada en la calle del General Ricardos. Sinceramente, nos alegramos a la vez que lamentamos que se haya tardado tanto en adoptar una decisión lógica y, sobre todo, racional y sencilla como era ésta. 
Se ha demostrado escasa agilidad al envolver y retrasar varios meses con consultas farragosas una decisión técnica y sencilla. Hoy en día, en plena era de la información, resultan de dudosa eficacia consejos de inspiración medieval. Si se quiere pulsar la opinión sobre algún tema, lo primero es acudir a las personas más directamente afectadas o a sus representantes y después, si se quiere, ampliar más hacia otras opiniones y sensibilidades; hay medios más rápidos, económicos y fiables que los que se han empleado en esta ocasión. 
No debe olvidarse que en ésta, como en tantas cuestiones, el tiempo es oro. Nuestra ciudad es una ciudad de servicios y por lo tanto se debe facilitar en la medida de lo posible el acceso y la estancia de nuestros visitantes. Para ello, un elemento esencial es un tráfico fluido y lógico, dentro de nuestras limitaciones y unos estacionamientos  cómodos , seguros y accesibles. 
Barbastro, afirman sus visitantes habituales, se ha vuelto una ciudad complicada y bastante hostil para el visitante, que en buena medida evita entrar y al que cada vez que hacemos experimentos circulatorios como éste, desconcertamos y ahuyentamos un poco más. 
No dudamos de la buena fe de nuestros regidores, pero conviene tratar de aprender de los errores. Unos errores que nos tienen que enseñar el verdadero camino a seguir frente a los muchos problemas y carencias de nuestra ciudad. Sobre todo agilidad y diálogo, pero no necesariamente con todos, primero con los afectados y después hay que decidir. En el horizonte ciudadano hay diversos problemas, urbanización de la Merced, del Coso, que nos dirán si esta experiencia ha servido para algo o si todo seguirá igual. Haciendo del paso del tiempo el principal actor político.

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