Banner

Opinión Editorial

18 de marzo de 2011

No hay nada como la proximidad de unas elecciones para desencadenar una actividad política tan frenética como poco espontánea. Los plazos mandan y queda poco tiempo para que nuestros políticos puedan hacerse presentes en los medios, aunque en muchos casos esta presencia obligue a dejar por el camino el rigor y la coherencia más elemental. Podemos ver casos de mutación tan sorprendentes como los de los que han yacido amancebados en el lecho del poder y ahora quieren darnos la sensación de que no se han rozado nunca. Tampoco faltan quienes enarbolan, cuando llegan las elecciones, banderas de conveniencia; ayer el agua, hoy los bienes, y mañana Dios dirá. Pero, entre bandera y bandera, lo que de verdad interesa es ser bisagra, sin importar mucho el lado hacia el que tenga que abrirse la puerta. Y entre unos y otros los políticos cuneros y discretos sólo abandonan el escaño y se acuerdan de nosotros una vez cada cuatro años para conseguir el acta correspondiente y salir corriendo a Zaragoza o a Madrid.

Afortunadamente en política también existe la seriedad y la ética del trabajo bien hecho de quien antepone por encima de todo el bien común al interés personal y no duda en trabajar por los demás, pero no es menos cierto que este tipo de políticos contrario a los de casta  se dejan notar menos. Vienen tiempos de tormenta, de dificultad creciente y de profundos desasosiegos que deben dejar poco margen para la improvisación, que van a obligarnos a elegir escrupulosamente uno a uno a los mejores. Una tarea que con un sistema electoral como el nuestro, de listas cerradas, que piensa en el partido por encima del ciudadano, se hace muy complicada. Pero mientras llega esa ansiada reforma que nos permita escrutar y elegir a los mejores, estamos obligados a pedir una vez más que no nos tomen a los electores por necios. Queremos que se acuerden de nosotros durante todo el mandato, con rigor y claridad y que propongan de una vez una fórmula creíble de vinculación más permeable entre el elegido y sus electores.

Hay que alejarse de los cantos de sirena, de los profesionales del camelo y tratar de llevar al timón con un elevado sentido crítico de nuestro deber como ciudadanos, por encima de la aguda tiranía de la mercadotecnia, a los mejores. Cuatro años perdidos entre el desencanto y la resignación, como estos últimos, es un lujo que no podremos volver a permitirnos.

11 de marzo de 2011

No nos resulta agradable, tantas veces, seguir las informaciones del mundo a través de cualquiera de los medios. Hay que tragar mucho y apuntarse con firmeza a la esperanza para no irnos directamente al pesimismo. Por eso, cuando hay cosas buenas que contar, es un alivio. Y hoy queremos contar algunas partiendo, por ejemplo, del anuncio oficial que se hizo, en la 36 Reunión Anual de Delegados del Patronato de Torreciudad, de la creación del Espacio Internacional de San Josemaría Escrivá en nuestra ciudad. Ya está prevista una comisión de trabajo para preparar la Fundación que canalizará el proyecto, de la que formarán parte Gobierno de Aragón, Diputación Provincial, Ayuntamiento, Comarca de Somontano, Patronato de Torreciudad  y Asociación de Empresarios de Barbastro. Miles de personas visitan cada año el santuario de Torreciudad y con la existencia de este Espacio es más que probable que la mayoría no se vayan sin pasar por Barbastro. El turismo religioso vale en sí mismo pero, además, es una fuente económica de primer orden y ofrece muchas posibilidades para incrementar el nombre y la mejora de nuestra ciudad.
Y cabe añadir, aunque sólo sea como dato cinematográfico en esta ocasión, que en la reciente película Encontrarás dragones, que narra parte de la vida de nuestro paisano más universal rehaciendo episodios de la guerra civil, aparece en varias escenas el nombre de nuestra ciudad y en una de ellas el protagonista lee un ejemplar de El Cruzado Aragonés de 1910.
Es buena noticia saber que se celebra el próximo domingo el Día del Seminario, con el lema El sacerdote don de Dios para el mundo y que, según datos de la Conferencia Episcopal Española, en el último año ha subido un 15 % el número de seminaristas, al tiempo que se cuida al máximo la preparación espiritual, humana y académica de los candidatos. En una sociedad en la que se necesita el aliento trascendente, para no quedar aprisionados por sólo la inmanencia del aquí y del ahora de tan corto recorrido, es bueno que en las comunidades cristianas se siga valorando estedon.
Y aún más. Estamos a mitad del Año Jubilar que recuerda el heroísmo de los mártires diocesanos que son ejemplo admirable de amor y de perdón y, más buenas noticias, cada vez está más cerca el gran acontecimiento eclesial que se celebrará el próximo mes de agosto en Madrid con la Jornada Mundial de la Juventud. Estas sí son buenas noticias.

4 de marzo de 2011

El fenecido siglo XX marcó una tendencia clara y definida hacia el crepúsculo de las ideologías que en el presente sigue su camino imparable. El noble ejercicio de la política como una carrera ad honorem basada en un servicio de entrega de los mejores a la comunidad, con un sustrato ético profundo, ha ido desapareciendo y se ha ido trasformando cada día más, en una profesión común, en todo menos en los sueldos de los que la nutren. Muchos llevan décadas en el cargo, legitimados por la urnas, pero no tanto por el ejercicio, otra fuente no menos importante de legitimidad, según los teóricos clásicos  del derecho político.
Como consecuencia inevitable de esa devaluación de nuestra clase política se ha ido ensanchando un preocupante fenómeno que está en el origen de la abundante cosecha de corruptelas y corrupciones que soportamos los ciudadanos. A este fenómeno nuclear se le suele denominar la elusión del Derecho, y consiste simplemente en ejercer la acción política o administrativa ignorando, e incluso en muchos casos burlando, el Derecho. En lugar de ir a su encuentro como garantía inapelable de transparencia, igualdad de oportunidades y control del gasto, se busca la forma de esquivarlo, para que no pueda fiscalizarse cualquier actuación política y administrativa, por pequeña que sea. Hasta la Unión Europea se ha visto obligada ante tanto desmadre a redefinir el concepto de sector público, ensanchándolo y vinculándolo al origen de los fondos de los que se nutre. Donde hay dinero público, hay sector público y, por tanto, los mecanismos inherentes de control y claridad.
A su sombra se crean sociedades de todo tipo, públicas y semipúblicas, se fraccionan concursos, se crean cargos de confianza, se habilitan abundantes fondos de libre disposición; se legisla, subvenciona y financia por decretos. Se podrían poner infinidad de ejemplos. Todo eso hace que la distancia entre los políticos se vaya convirtiendo en insalvable y que, cada día más, muchos ciudadanos piensen en los políticos más como un problema que como una solución. La solución pasa por una profunda regeneración de la clase política pero también de los ciudadanos, que debemos volvernos más exigentes, rigurosos y comprometidos con lograr la mayor eficacia y transparencia en la acción política. Sin olvidar un sistema judicial que ga- rantice de forma imparcial la exigencia de las debidas responsabilidades allí donde corresponda. Y una Prensa independiente que se atreva a contarlo.

25 de febrero de 2011

Asistimos como espectadores a una vertiginosa sucesión de acontecimientos que ya merecen ser calificados de históricos. Comenzaron el 17 de diciembre en Túnez, para seguir en Egipto y extenderse a Argelia, Yemen, Jordania, Barhéin, Marruecos o Libia –donde ya se habla de genocidio–, con desarrollos y desenlaces diferentes. Las revueltas populares que salpican a Oriente Medio y el Magreb sacuden el planeta; las potencias occidentales reúnen sus gabinetes de crisis y empiezan a leer las claves de lo que podría ser un nuevo orden mundial.

De momento, casi todos los análisis convienen en que la pobreza del pueblo y la opulencia de sus dirigentes, el protagonismo de una masa social joven y la falta de democracia y libertades están en el germen de estas protestas. Y que los medios de comunicación, co- menzando por Internet, las sostienen y amplifican. Lo ha dicho en España el presidente de Israel, Simon Peres: Las redes sociales «no dejarán que se vuelva a tapar los ojos del pueblo ni los oídos del mundo». Esa gran comunidad virtual al alcance de cualquiera, junto con los teléfonos móviles y la televisión, están resultando decisivas en este movimiento y sirven para recordarnos que las tiranías son siempre cómplices de la ignorancia y enemigas de la información. Los medios, a veces criticados –con y sin razón–, no dejan de abrir puertas y ventanas a nuevas realidades; cerrarlas cercena derechos fundamentales.

Pero se cierran, o al menos lo intentan. También en este Occidente que contempla con cierto temor lo que ocurre al sur del Mediterráneo. Los poderes públicos, elegidos aquí democráticamente, padecen una eterna querencia por controlar la información. Y no sólo ellos. También las empresas, los partidos políticos y adláteres, los grupos de poder, los gurús del pensamiento y de las modas vigilan qué hay que decir –leer, escribir–, cuándo hacerlo y con qué palabras, en qué contextos, con qué matices, puntos y comas.

Vivimos rehenes de lo políticamente correcto, de la comodidad de complacer al poder y seguir la corriente. Sin rechistar, agachando la cabeza y olvidando que la peor tiranía es la que uno interioriza. No sólo nos convierte en peleles sometidos e ignorantes, sino que nos transforma en esclavos que miran las sombras en el fondo de una caverna sin atreverse a romper las cadenas.

18 de febrero de 2011

Recientemente se ha publicado un estudio encargado por el Centro de Seguridad de la Información de Cataluña (CESICAT) sobre la seguridad en el uso de Internet entre las chicas y chicos de 8 a 14 años. 420 jóvenes han contestado junto a sus padres o tutores a una serie de preguntas específicas con el objetivo principal de poder conocer el comportamiento de los menores frente a ciertos riesgos derivados del uso de la red y el tipo  de control que ejercían padres y madres.
Los datos llevados a su esencia mínima para poder obtener conclusiones nos hablan de un incremento imparable del uso de las redes sociales; en un año, su uso por los jóvenes ha aumentado el 31,8 % y ya las utilizan el 67,9 %. El 16 % afirma que explica en su blog o en Facebook las cosas que hace día a día; un 14 % asegura no pedir permiso ni a sus padres ni a nadie para publicar informaciones o imágenes suyas o de otras personas en la Red. El 15,5 % afirman haber sido víctima de alguna forma de acoso, en forma de suplantación, de insultos o de amenazas o insinuaciones.
De media indican que emplean unas siete horas semanales en conectarse a la Red, al tiempo que un 85 % de los padres dice limitar a sus hijos el tiempo de uso de Internet. Frente a estos datos se observa un creciente relajamiento del control parental: Apenas un 25 % de los menores navegan acompañados de sus padres. Un 28 % de los padres no revisa nunca el  historial o los servicios donde se da de alta su hijo y un 34,4 %, algunas veces.
Todos estos datos convergen en una realidad que resulta cada día más preocupante. Los menores utilizan de un modo creciente, imparable y en muchos casos muy arriesgado la red, donde se observa un relajamiento de los controles de manera inversamente proporcional a sus potenciales peligros. Los padres o tutores estamos obligados a mantener nuestra atención frente a este fenómeno creciente que lleva a nuestros hijos a adentrase en unos mundos nuevos, desconocidos y vertiginosos, lleno de conocimientos maravillosos y oportunidades, pero igualmente de innumerables riesgos y amenazas, por los que no debemos dejarlos transitar sin red.

Más artículos...

Página 60 de 71

60
 

© El Cruzado Aragonés C/.  Graus, nº 10 - 22300 Barbastro (Huesca) Teléfono: 974310633 Fax: 974315183 CIF: R2200028E

D.L. HU-11-1953

Web optimizada para una resolución de 1250x768

Diseño páginas web Barbastro