4 de febrero de 2011

En poco tiempo hemos conocido el contenido de dos sentencias, condenatorias para el Ayuntamiento de Barbastro, en las que dos ciudadanos, trabajadores municipales en ambos casos, han optado por llevar la defensa de sus derechos a los tribunales. El primero, por una multa, anulada por el juez; el segundo, por el reconocimiento de que su tiempo de descanso es igual al de todos los empleados públicos que cada mañana podemos ver desayunando en las cafeterías de nuestra ciudad. Todos ellos ejercen un derecho reconocido.

Mucho llamó la atención el empeño consistorial en cobrar los 39 euros –por pago anticipado– de una sanción de tráfico, empeño que costó a las arcas públicas más de mil euros, un pequeño pero llamativo despilfarro. En el asunto del policía local al que, con treinta años de servicio, se le negó dejar su puesto de trabajo en su tiempo de descanso, a la indemización de 11.000 euros que se le debe, habrá que sumar una cantidad que puede rondar los 7.000 euros más por costas y demás gastos legales. A él le ha supuesto, entre otras cosas, año y medio de enfermedad. ¿No había otra solución? El hecho de que haya dinero para gastar no significa que no se deba medir el destino, también moral, de cada céntimo.

Entre el lugar en el que este guardia desempeña su labor y los despachos del Alcalde, los concejales y los servicios técnicos no hay más que una veintena de escaleras. Ascensor, incluso. Con ganas y una mínima voluntad de llegar a acuerdos, una conversación a tiempo pudiera haber ahorrado disgustos y ese gasto en los fondos públicos –o sea, de todos– que aún no ha acabado.

Estos dos casos nos muestran, además, que enfrentarse al poder no resulta fácil, aunque el derecho y la razón asistan al débil. No resulta fácil cuando el poder es, además, tu jefe y cuando no duda en sacar toda la artillería en buscar una victoria que la Justicia le ha negado, cuestionando el libre ejercicio de los derechos ciudadanos y, en particular, el de disentir del poderoso. No resulta fácil cuando una cierta mayoría encuentra en el silencio su comodidad y mira hacia otro lado, haciendo dejación de sus responsabilidades. No resulta fácil ir a trabajar cada mañana sintiéndose señalado y no entender por qué se ha llegado a eso.

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