Banner

Opinión Editorial Navidad consecuente

24 de diciembre de 2010

La Navidad ya. Y se puede vivir de muchas maneras y con más o con menos esencia. Quizá haya aún desequilibrios en su celebración pero no deja de ser, la Navidad de este año, una Navidad en tiempo de crisis económica, social y de valores que nos dice con claridad que hay muchas necesidades, de muchas clases, que hay que atender. Desde esta realidad habría que potenciar, y no sólo claro está para estos días, una voluntad decidida de compartir. Pensar sólo en lo mío, o en lo nuestro, siempre es signo de poca humanidad y lo es más aún en tiempos de crisis dura cuando ya van siendo muchos, y cercanos, los que no llegan ni para lo necesario. ¿Habrá llegado ya la hora de revisar conductas sociales que separan y no unen? El Concilio Vaticano II dijo bien claro en su Constitución sobre «la Iglesia en el mundo actual» que había que llegar a un nuevo humanismo en el que la persona se definiera esencialmente como tal por su responsabilidad hacia los otros. Hoy, que vivimos de manera tan interrelacionada, estas palabras tienen que ser nuevamente actualizadas.  
La Navidad, en su esencia, es el signo máximo del compartir: eso fue la encarnación de Dios. Tomó carne humana, se hizo como uno de nosotros y compartió la existencia humana totalmente. Creer en esta encarnación es comprometerse con la justicia y apoyar a los más débiles luchando contra las causas que generan pobreza, desigualdad, marginación y soledad. La justicia está en la base de la caridad y no se puede aquietar la conciencia con simples actos de ayuda puntual, quizá necesarios para empezar, pero llamados a tener continuidad haciendo promoción de justicia para hacer así promoción de personas.
La Navidad verdadera hay que enmarcarla dentro de la nueva evangelización que hoy necesita nuestro mundo. El Evangelio es buena noticia, propuesta desde la responsabilidad y la coherencia personal, porque en su entraña lleva a compromisos de promoción humana integral. En el mundo de hoy se manifiestan muchas diferencias, –lingüísticas, culturales, sociales, étnicas y religiosas–, pero no deben ser causa de enfrentamiento sino de mutuo enriquecimiento. Desde la luz del Evangelio no se proyectan fantasmas de luchas entre hermanos sino manos abiertas que tienden a la unidad en el amor. El amor, del que tanto se habla en Navidad, pasa por lo concreto de amar a todos los semejantes sin distinción de clases, colores o doctrinas.
Una Navidad esencial ha de distinguirse, en buena lógica, por esa sobriedad que sabe distinguir entre bienes y gastos necesarios y superfluos. Sabe, como venimos diciendo, compartir. Y así sí que es creíble el anuncio de la esperanza que se proclama en estos días.

 

© El Cruzado Aragonés C/.  Graus, nº 10 - 22300 Barbastro (Huesca) Teléfono: 974310633 Fax: 974315183 CIF: R2200028E

D.L. HU-11-1953

Web optimizada para una resolución de 1250x768

Diseño páginas web Barbastro