12 de noviembre de 2010

Si tuviéramos que definir en pocas palabras la concentración del pasado domingo en Zaragoza estas tres serían suficientes. Dignidad, porque define a las personas que saben comportarse con gravedad y decoro. Sin duda alguna, los convocantes y los muchísimos participantes –dejando de lado las diferencias políticas– supieron lanzar un mensaje, lleno de sencillez, claridad y verdad. Pocas veces hemos visto asistencia tan espontánea y  gente tan digna y convencida de sus razones en un acto público.
Prudencia, porque la verdad habla en voz baja y porque esta virtud cardinal sirve para discernir y distinguir el buen camino del malo y así poder seguirlo o huir de el. Los miles de asistentes clamaban serenamente sus razones a la vez que con una vehemencia templada les indicaban a nuestros gobernantes el camino de la determinación. Y pudor,  porque en ese día todo se hizo con honestidad, modestia y recato. Fue ante todo un ejemplo de que la sociedad civil existe, que tiene iniciativa y que cuando se le habla claro y al corazón, responde y vaya si responde.
Es lógico que todo esto a los servidores de esa máquina artificiosa, solo construida para acumular el poder y mantenerlo, les pillara a traspié y desconcertados tuvieran que correr a buscar un protagonismo que no tenían. A suplicar y sujetar, como fuera, un trocito de pancarta y de paso poder salir en la foto. Pero se notaba, y sentimos decirlo, que muchos estaban a regañadientes, que había mucha sonrisa forzada, porque otros se habían adelantado y entre otras cosas sin quererlo les habían hurtado ese protagonismo al que están mal acostumbrados. Fue un día memorable, bajo un cierzo hostil, se volvieron a repetir la solidez de nuestras razones, el tamaño de nuestros agravios y lo inquebrantable de nuestra paciencia, brotando todo de la nobleza de nuestros corazones.
Y como contrapunto absurdo a esta jornada de fraternidad algunas ausencias clamorosas como la de Marcelino Iglesias y su delfín Eva Almunia, que desde que ha tenido que acudir a tapar agujeros en el partido, con su conducta está dejando a Aragón en una situación de acefalía. El camino se ha marcado con claridad, ahora los políticos quedan obligados a seguirlo con diligencia y sin ambages.



Joomla SEO powered by JoomSEF