5 de noviembre de 2010

El concepto de Seguridad Ciudadana aparece frecuentemente como una de las de las causas principales de preocupación para la opinión pública. Es más, en cualquier sociedad moderna, como la nuestra, se ha llegado a convertir –a nuestro parecer, erróneamente– en un sinónimo de calidad de vida para una gran parte de los ciudadanos. Los propios medios de comunicación le dedicamos gran atención a formar conciencia de su importancia y señalando la necesidad de abordarlo de una forma integral.
Un sistema social que pretenda desarrollarse en armonía y equilibrio debe tener claro que éste concepto de Seguridad Ciudadana  tiene siempre un doble proyección política y socieconómica. Es necesaria una acción enérgica de los cuerpos de seguridad pero no es suficiente en si misma. La sociedad debe generar al mismo tiempo mecanismos de integración y cohesión social y económica al alcance de todos sus miembros si se quiere lograr una verdadera y duradera paz pública.
En su obra La Democracia en América, Alexis de Tocqueville señalaba premonitoriamente en el siglo XIX que «el amor a la tranquilidad pública, es frecuentemente la única pasión que conservan los pueblos y ésta se va haciendo más activa y poderosa a medida que las demás se debilitan y mueren». Por eso no podemos conformarnos con pedir únicamente eficacia policial, la policía es sólo un primer eslabón en la larga cadena de la seguridad. Debemos pedir a un mismo tiempo una profunda y prioritaria acción social de nuestro gobernantes que la acompañe y la favorezca.
Nuestra ciudad sufre un incremento de los delitos contra la propiedad, que contrasta curiosamente con el reciente incremento de la plantilla de la policía local, y que ha creado un malestar social del que nos hemos hecho eco en nuestro semanario. Pero nos parece importante señalar que junto a este concepto limitado e impuesto de seguridad, la sociedad debe generar en su interior los mecanismos necesarios para su perfeccionamiento a través de la solidaridad, la integración la igualdad y la acción social, que vayan convirtiendo en excecionales las manifestaciones delictivas de sus miembros más marginales.

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