27 de agosto de 2010

Qué movida!», comentaba alguna persona el sábado pasado caminando en ese escenario tan moderno y tan antiguo del Mercado Medieval. «La Candelera del verano», la llamaba otro. La iniciativa, ya experimentada y consolidada con éxito en numerosas localidades, ha gustado. Así lo han percibido los comerciantes de la ciudad, ataviados para la ocasión, que pudieron rematar de una manera festiva la temporada estival. Quizá el próximo año sean más establecimientos los que se sumen a la veintena que este año, impulsados por la Asociación de Empre-sarios, apostaron por poner una piececita en el gran escaparate que Barbastro fue durante esas horas.
También ha recogido elogios el área de Cultura, oxigenada para la ocasión con fondos europeos, con una representación medieval novedosa y technicolor que reunió a 1.500 personas. Junto al área de Desarrollo, han acertado al unir El Sitio de Barbastro con una fiesta callejera y participativa.
En la representación, las mejoras técnicas y de contenido han dejado sensaciones contradictorias, pero también un hecho cierto: no po-cas personas, barbastrenses incluso, descubrieron este fin de semana que la capital del Somontano acogió los importantísimos episodios que para la Historia supusieron las primeras Cruzadas y los esponsales de la infanta Petronila, luego reina de la incipiente Corona de Aragón. Muchos de los que lo seguían los avatares de tropas y cortes sobre la arena de la Plaza de Toros también se preguntaron por qué esa Historia apenas tiene presencia cotidiana en la ciudad.
¿Habrá que esperar otros dos años para insistir en la importancia de los hechos, en el papel de esta ciudad comercial y abierta? ¿Para cuándo una incorporación decidida, profunda y sin complejos a la Historia actual de los hijos e hijas ilustres, por nacimiento o adopción, de Barbastro? ¿Solo en los aniversarios, más o menos redondos, o al pairo de las subvenciones adecuadas?
La reina Petronila, los hermanos Argensola, los doctores Martínez Vargas y Cardús o Escrivá de Balaguer forman parte del patrimonio local como también lo hace el Puente de Santa Fe o los restos de baños árabes. Algunos, es de temer, quedarán en el olvido y se convertirán en paisajes para las fotografías y la memoria. Pero hay que rascar bajo la superficie, ahondar en el pasado y con la coherencia debida dar lustre y proyectar hacia el futuro.

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