16 de junio de 2017

Por estas fechas, y las fechas son las del Corpus, fiesta de la Eucaristía, sacramento máximo de la caridad, Cáritas presenta en todas las diócesis su memoria de servicios y actividades. Cáritas diocesana de Barbastro-Monzón lo hizo el martes pasado y publicamos en este número datos concretos de la misma.

La memoria de Cáritas puede leerse leyendo cifras, que las hay. Pero sería una lectura muy restringida si no se vieran detrás los testimonios de esperanza y de solidaridad. Lo que está detrás, lo que de verdad vale, es la caridad que, como nos ha dicho el Papa Francisco, no es un simple asistencialismo para tranquilizar las conciencias sino que es, ante todo, una opción de vida, un modo de ser y de vivir que se fundamenta en ver en cada persona un hijo de Dios y un hermano.

Con el lema de este año, Llamados a ser comunidad, Cáritas nos invita a superar nuestros intereses individuales. La comunidad es el lugar en el que podemos acompañar y ser acompañados y donde, entre todos, podemos buscar soluciones a las causas estructurales de la pobreza que divide injustamente a las personas y les hace sufrir. Desde una reflexión comunitaria y apoyada en criterios cristianos se puede ir comprendiendo cómo, sin casi darnos cuenta, vamos aceptando una sociedad de consumo que termina por aplastar a las personas más débiles y necesitadas. Contrariamente a este modo de sociedad, Cáritas, institución de la Iglesia Católica, manifiesta en sus Memorias anuales, también en la de este año, que la caridad que ofrece puede ofrecerla por la generosidad y el compromiso cada vez mayor de voluntarios, socios y donantes, y así puede estar  allí donde no está nadie y caminar al lado de los últimos.

Cáritas nos refleja la realidad dura de la vida diaria de muchas personas pero para urgirnos a poner allí un corazón nuevo que sepa latir junto al dolor ajeno. No muestra el mal del mundo para llevarnos al pesimismo sino para demostrar que, si hay caridad,  son muchas las personas concretas a las que se les puede restituir su dignidad y ser ayudadas en sus necesidades más básicas, económicas, humanas y espirituales. El camino de la caridad pasa por la conversión al respeto y al cuidado de cada vida, de cada persona. Cáritas lo entiende así y es el gran servicio, juntamente con el de la evangelización, que desde la Iglesia se ofrece a la sociedad.

 

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