19 de mayo de 2017

El próximo 23 de mayo, se celebrará en la UNED la clausura de los actos conmemorativos del centenario del primer Instituto Nipiológico de España que creó en su ciudad, Barbastro, el doctor Andrés Martínez Vargas. Los objetivos de estas acciones han sido reivindicar, destacar, descubrir, investigar, completar, admirarse y, en todo caso, aprender de la figura de uno de los barbastrenses más universales de todos los tiempos y rescatarlo de la preocupante amnesia colectiva que este país sufre hacia sus científicos.

Las sociedades del aprendizaje se caracterizan por apoyar y promover decididamente la labor de sus investigadores, suponiendo una de las bases más importantes en las que sustentar sus sistemas educativos: el respeto a su trabajo, el apoyo decidido a los referentes que estimulen para crecer y avanzar a los más jóvenes y en definitiva, la aceptación sin fisuras de que el progreso de un pueblo se basa en el conocimiento y la excelencia.

Todavía a día de hoy, nos preguntamos las razones de una crisis que no acaba de marchar y cuyo origen se remonta al modelo de sociedad que al parecer queremos ser: aquella que no apuesta por el conocimiento como uno de los impulsores principales para innovar y crecer en busca del bien común.

El espíritu de las acciones que se han llevado a cabo en Barbastro, ha intentado romper dichas barreras, muy bien descritas por José Antonio Marina en su Despertad al diplodocus, haciendo partícipes a los principales motores del cambio educativo:

Las escuelas con su colaboración en el concurso artístico, la apertura de todos los actos a las familias y a la ciudad en general como ex-presión del entorno educativo, la implicación de las empresas tales como UNED, Hospital así como El Cruzado Aragonés para transformar la sociedad del aprendizaje y el Ayuntamiento, cuya obligación pasa por crear las condiciones necesarias que animen, promuevan e inciten la investigación mediante unas becas que esperemos lleguen muy pronto.

 

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