12 de mayo de 2017

El próximo 18 de mayo se celebrará el «Día de los Mu-seos». Este año es una fecha especial para Barbastro por coincidir con el aniversario de la consagración de nuestro templo catedralicio, la mejor joya que podemos ostentar y la más significativa. Su consagración tuvo lugar en el año 1533, dieciséis años después del inicio de sus obras. Entramos, pues, en el quinto centenario del comienzo de esta magna obra.

Para conmemorar tal efeméride con la dignidad que merece, el Cabildo catedralicio, de consuno con el Museo Diocesano, han preparado un programa de conferencias, conciertos y celebraciones litúrgicas con el que despertar y alimentar en la conciencia de los barbastrenses la satisfacción y el aprecio por el primer templo diocesano. La condición de la «catedral» como madre de todas las iglesias de la Diócesis  –Ecclesia mater–, ya que constituye la «cátedra», de ahí su nombre, desde la que el Obispo ejerce la misión de pastor y guía de los fieles diocesanos, es el dato principal y más significativo que este quinto centenario ha de contribuir a resaltar.

Al mismo tiempo y en fecunda simbiosis, hay que dar su justo valor a los aspectos sociales, artísticos e históricos que se funden en la construcción y posterior existencia de nuestra catedral. Puede decirse con verdad que, en la construcción y mantenimiento de la catedral de Santa María de la Asunción, el pueblo de Barbastro se comprometió con meticulosidad y empeño, como explicaba el artículo Una catedral, una ciudad, de uno de nuestros colaboradores, publicado recientemente en estas mismas páginas.

Históricamente, nuestra catedral ha sido una baza importante, que los prelados barbastrenses han sabido jugar, sobre todo cuando los pasos se hacían más penosos y difíciles, en el largo camino de la pervivencia del Obispado, que logró culminar don Ambrosio Echebarría, justo es decirlo, consiguiendo en el año 1995 el decreto Illerdensis-Barbastrensis. De finium mutatitone, por el que se consolidó la que actualmente es la Diócesis de Barbastro-Monzón.

Finalmente, no hace falta ponderar la belleza del interior de nuestro templo catedralicio, que constantemente causa la admiración de propios y extraños. Si a la catedral de León se le ha otorgado el calificativo de pulchra leonina, ¿cuál sería el adecuado para describir la techumbre estrellada de nuestra catedral?

Todo ello reclama no sólo nuestra admiración, sino también el empeño por conocer, difundir y celebrar el centenario del mejor legado que nos transmitieron nuestros antepasados.

 

Joomla SEO powered by JoomSEF