27 de enero de 2017

Todos sabemos qué es lo obvio: aquello que no necesita de ninguna explicación porque es evidente que es del todo innecesaria y no aporta nada nuevo. Además lo obvio es irrelevante, es decir, se informa de algo que ya se sabe. ¿Es una obviedad decir que los bebés necesitan cuidados? ¿Quién lo duda? ¿Es una obviedad decir que, en nuestro hemisferio, hace frío en enero y que los cambios de temperatura entre lo diurno y lo nocturno provocan enfriamientos desafortunados y brotes de gripes? ¿Por qué, entonces, en estos días se comenta lo del frío y lo de la gripe como si fueran cosas extraordinarias? Quizá porque vivimos en una época culturalmente pobre en comunicaciones esenciales y hemos de dedicarnos a convertir lo obvio en objeto principal. Pero pensamos que es mal asunto que las declaraciones obvias tomen un protagonismo exagerado.

Apostamos más bien hacia el deseo de que sepamos vivir en nuestra época con un sano discernimiento y una buena elección. Discernir y elegir son palabras complementarias. Elegimos lo que pensamos que hemos discernido bien. Por si acaso en nuestro tiempo está decayendo la aceptación normal de la lógica, la valoración adecuada de la verdad, la aceptación serena de las circunstancias, apostamos por no dar el triunfo a la obviedad sino porque tenga valor la verdad objetiva de las cosas. Si vivimos con falta de directrices, de normas, de leyes, viviremos de lo superficial, del momento, de la pura apariencia de las cosas y así es obvio, permítasenos la referencia, que hablemos de obviedades como si se tratara de algo extraordinario.

Se necesitan actitudes humanas que sepan escoger lo nuevo, lo creativo y lo esencial. Lo obvio se repite sin cesar y sin ninguna no-vedad. Decir lo que todo el mundo sabe no lleva muy lejos; puede llevar si acaso, pero no es ningún mérito, a asombrarse de lo normal. En esto debía pensar nuestro Nicolás Fernández de Moratín con aquel Epigrama que titulaba Saber sin estudiar y que decía así en su primera parte: Admiróse un portugués / de ver que en su tierna infancia / todos los niños en Francia / supiesen hablar francés»/. 

 

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