13 de agosto de 2010

Hace once años, el bailarín Joaquín Cortes cruzó la Plaza de Toros de Barbastro con una espectacular falda de cola diseñada por Armani. Así se abría el primer festival del Vino que, siendo un éxito, contó entonces con 6.000 espectadores. A su lado, la Floresta de la SMA acogió una Muestra Gastronómica capaz de reunir a 4.000 visitantes. Es para promocionar los vinos, para empezar a consolidar una marca, afirmaba el presidente del Consejo Regulador, Mariano Beroz.
Hace una semana, abría las puertas la undécima edición del mayor acontecimiento social de la ciudad, con permiso de las Fiestas mayores. También cultural, especialmente en lo relacionado con la enología y lo gastronómico, pero, sobre todo, económico. Aunque la proyeción y el desarrollo de una zona no vayan a depender de cuatro días de conciertos, vinos y tapas, resultaría mezquino no entender que la iniciativa de la Denominación, apoyada con el esfuerzo de las bodegas, se ha consolidado como un revulsivo que aún puede dar mucho de sí.
Hoy son ya treinta y cuatro las empresas que se dedican a hacer vino, cada una con sus referencias propias e intereses particulares. Cada una de ellas tiene claro que el beneficio empresarial, la rentabilidad, ha de ser su objetivo. Y eso mismo es lo que contempla la doble iniciativa de música y tapas. Funciona porque la repercusión, social y económica, es importante, no puntual, de calidad, productiva.
Duante los días previos y de celebración del festival, los comercios notan año a año su incidencia en la caja; para el turismo, este fin de semana se ha convertido en unas fechas tan proclives a llenar como Semana Santa o similares. En la Muestra trabaja un centenar de personas, a las que sumar los puestos indirectos que genera. Pero no se queda ahí, su efecto se nota antes y se prolonga más alla.
El Festival ha conseguido poner no sólo al vino en el mapa sino, y de modo generoso, al territorio con el que comparte nombre. La creación y posicionamiento de marca, la búsqueda de mercados y público, los elementos vinculados al Somontano no se han dejado al azar. Y?se cuenta sin pretensiones, logrando la complicidad de unos vecinos que se sienten anfitriones y como tales ejercen durante estos días.
«Este es el Barbastro que quiere ser», resumió una persona observando la multitud relajada, guapa y amigable que ha copado el recinto del Campo de los Escolapios. Una multitud que ha colgado en el perchero, aunque sea por unas horas, el trabajo que no llega o el verano sin vacaciones. Que ha sacado las ganas de cantar, de bailar y de reir y ha recordado a Armani y la bata de cola. Tomen nota.

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