5 de enero de 2017

Escribiros, como cada año, mi carta en medio de un mundo con claros síntomas de esclerosis espiritual, como acaba de recordar el Papa, me lleva inevitablemente a tener que pediros todo aquello que de una forma u otra pueda ayudarnos a encontrar el camino para poder curar tan inhumana enfermedad.

Enseñadnos en primer lugar a saber mirar a la cara al hombre y a las causas de los problemas que lo atormentan día a día a lo largo y ancho de  es-te mundo complejo, egoísta y desbocado. Hacednos acogedores siempre con los brazos abiertos al doliente, al oprimido, al desesperado, al angustiado, al débil y al todo el que nos necesite; haced que nada humano nos sea ajeno. No dejéis que se duerman nuestras conciencias en estos tiempos de contradicción en los que aumenta el progreso y las oportunidades, pero cada día son más las personas excluidas. ¡Sacad la tibieza de nuestros corazones!

Guiadnos por el camino que conduce a la verdad, ya sea la Verdad con mayúscula o la escrita con minúsculas, esa más cotidiana con la que deberíamos convivir  siempre. La verdad es piedra angular y condición previa sobre la que hacer juicios justos, tomar decisiones acertadas, enfrentar serenamente las cosas e interpretar  el confuso mundo en el que nos ha tocado vivir y que tenemos el deber de mejorar.

Como la humildad es la fuente de la verdadera sabiduría, hacednos llegar a nuestro balcón un gran saco de ésta, que nos permita ofrecerla a todo el mundo, sobre todo a quienes ejercen la autoridad en cualquiera de sus formas. Que les mueva a defender siempre al más débil e indefenso frente al poderoso.

Mandadnos señales claras que nos permitan ser luz y claridad en este valle de lágrimas hoy más brumoso que nunca. Una buena dosis de fortaleza para poder trabajar por la verdad, la justicia y la paz. Que no nos falte nunca la alegría para re-correr el camino del bien. Ayudadnos a poder sacar de nosotros ese hombre nuevo que –como decía el sabio aragonés Servet– todos llevamos en lo más hondo de nuestro corazón.

Libradnos de esa nueva forma de esclavitud virtual aceptada que nos entra día a día por nuestras pantallas desde un extraño y manipulador hiperespacio que nos  lleva, sin darnos cuenta, a vivir en una falsa realidad manipulada por intereses mercantilistas que poco a poco van esterilizando nuestros sentidos a fuerza de no usarlos. Que volvamos a sentir la belleza del mundo que nos rodea y a empaparnos del calor de las personas que lo habitan;  necesitamos más abrazos, caricias y encuentros.

No quería pediros nada material, el exceso de «cosas» en una de las muchas fuentes de nuestros problemas, pero los niños son una excepción y os pido para ellos que les traigáis muchos regalos.

Como siempre os dejaré agua y pienso para los camellos y una copita de moscatel con unas garrapiñadas para reponer las fuerzas, esperando que no paséis mucho frío. Gracias y buen viaje desde Oriente.

 

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