9 de diciembre de 2016

Palabra sagrada. La decimos todos, la queremos todos, pero no estamos seguros de que todos la entendamos de la misma manera. Una de las piezas-clave para comprender si todos entendemos lo mismo es comprobar, en concreto, el nivel de libertad religiosa que hay hoy mismo en el mundo. Todos hablamos de libertad pero, en concreto, y según el Informe que acaba de publicar la Asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada se constata que la libertad religiosa en el mundo es un derecho en retroceso para un tercio de la humanidad. Una de cada tres personas vive en un país sin libertad religiosa. Por religiones es el cristianismo la religión que más ve amenazada su libertad y hoy hay 394 millones de cristianos que sufren por serlo. El derecho a la libertad religiosa está amenazado hoy por el hiperextremismo islamista, ideología de máxima radicalización y violenta hasta el extremo, que es la principal causa de persecución ahora mismo en el mundo.

Los de Occidente ya no podemos mirar, como si no fuera con nosotros, lo que sucede en Oriente. Y lo que nos preguntamos es si, aparte de determinadas intervenciones militares que también hay que analizar, se están tomando las medidas adecuadas y eficaces para frenar esta amenaza. Limitar el mercado de armas, controlar a los países que propician discriminaciones, defender a las minorías sociales que profesan credos diferentes son actuaciones que habría que tomarse en serio. Garantizar la libertad religiosa no es un privilegio para creyentes sino un derecho necesario para que todos los ciudadanos puedan expresarse dentro de un marco de convivencia que respete las convicciones de cada uno.

El derecho a la libertad religiosa no significa la imposición de ninguna creencia sino el respeto a las legítimas creencias o increencias de los ciudadanos. A nadie se le puede obligar a tener una determinada fe y, por eso mismo, a nadie se le puede prohibir que la tenga y la manifieste. Tener libertad religiosa es un signo de madurez democrática y permite una convivencia en paz. Las religiones no dividen; se dividen las personas que malinterpretan las religiones.

 

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