11 de noviembre de 2016

Somos una gran familia CONTIGO» deseamos que no sea un lema más que hoy se lee y punto final. En realidad es todo un proyecto de presente y de futuro y es un indicador claro de lo que es la Iglesia. ¿No sucede exactamente igual en nuestra vida? Desvinculados de una familia, ¿qué somos? Somos en una familia y así sucede en el ámbito de la fe y de la vida cristiana. Nada por libre y en solitario y todo es posible si nos sentimos y somos familia. El lema citado, pero es más que un lema, es el que da marco este año a la celebración del «Día de la Iglesia Diocesana» que se celebra en las diócesis de España el domingo 13 de noviembre.

La familia Iglesia, contigo, puede llegar a todos los ámbitos. Ya fue Tertuliano, y nos remontamos al siglo II, quien dijo primero de sí mismo: «Soy humano, luego nada de lo humano me es ajeno». Después esta frase se fue aplicando a la Iglesia y Pablo VI, un Papa metido de lleno en la modernidad que siguió al Concilio Vaticano II, dijo lo de que «la Iglesia es experta en humanidad». Instituciones de la Iglesia como Cáritas, Manos Unidas, Obras Misionales Pontificias, sacerdotes, Congregaciones religiosas, y tantos seglares que hacen tanto por los demás, van demostrando día a día que la Iglesia, contigo, está muy cerca de todo lo humano. Y además, evangeliza, es decir, lleva la buena noticia del amor salvador de Dios a los centros y a las periferias del mundo.

Economistas, políticos, sociólogos y analistas de distinto orden se esmeran en analizar por dónde van los caminos de la humanidad y dónde pueden estar las causas de las diferentes crisis, económicas y sociales, que nos afectan. Cuando la Iglesia, contigo, hace los mismos análisis, no lo hace des-de planteamientos técnicos o teóricos sino que lo que nos propone es que todos hagamos un examen de conciencia sobre las causas profundas que están en la base de las crisis de nuestro tiempo. ¿Y qué dice la Iglesia, pensamos que contigo? Que no hay que quedarse en la superficie sino que hay que ir al fondo. Las causas últimas de las crisis están en  la pérdida de los valores que dan sentido a la vida, en el culto idolátrico al dinero, en la cultura del mínimo esfuerzo y del enriquecimiento fácil y sin escrúpulos, en la insolidaridad, el materialismo y el vivir como si Dios no existiera y todo se redujera al tiempo, al final siempre mínimo, de este mundo. Nos parece que también con estos análisis se nos presenta la Iglesia como experta en humanidad. 

 

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