23 de septiembre de 2016

Casamiento y mortaja del cielo bajan, decían nuestros abuelos. Con ello afirmaban no sólo lo incontrolable de ambos episodios, sino también su carácter inesperado e inaplazable, al menos por lo que se refiere al segundo. ¿A qué viene un arranque adusto para el editorial de esta semana? Pues a una preocupación que nos viene rondando en ésta y en otras muchas semanas, y es obligado plantearla.

El cementerio que hasta ahora ha venido proporcionando su servicio a los barbastrenses data de los tiempos de la guerra de la independencia. Todos los años, por estas fechas más o menos, se anuncia que nuestro cementerio se está colmatando. Como ocurre con algunos lagos, cuando las aguas que los alimentan vienen cargadas de sedimentos y llegan a agotar –colmar– su capacidad, nuestro viejo cementerio también está a punto de quedar colmatado, y la normativa urbanística y medio ambiental no le da posibilidad alguna de ampliación.

Por eso se acometió la construcción de un nuevo cementerio para la ciudad, pero, inexplicablemente, la obra realizada hasta ahora está ahí, en estado de semiabandono, o esa impresión produce a quien transita por sus inmediaciones, sin que se aprecien signos de que se tenga voluntad de terminar y poner en servicio unas instalaciones que, mal que nos pese, son imprescindibles. Morir es algo inexorable y todo el mundo desea un lugar digno donde reposen los restos mortales de sus seres queridos. Además, para quienes se sienten confortados con la esperanza de una vida eterna, que en esta ciudad son muchos, el cementerio es también el «dormitorio» –eso significa su nombre– donde esperar religiosamente una vida nueva y resucitada.

Por todo ello y para que morir no lleve consigo un problema añadido al dolor y tristeza que la muerte produce, hemos sentido la obligación de levantar la voz para reclamar la puesta en servicio de las nuevas instalaciones funerarias, con el decoro que requieren, antes de que llegue un día en el que nos llevemos las manos a la cabeza porque no sabemos qué hacer con nuestros muertos.

 

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