19 de agosto de 2016

La historia anterior, la que nos antecede, nos viene sin nuestra voluntad y tenemos que construir la historia presente con los mimbres del pasado. Y es necesario conocer la historia si queremos, o mejorarla siguiendo su construcción o, a veces tiene que ser así, reconstruirla corrigiendo errores o desviaciones.

Nuestra ciudad de Barbastro tiene una larga historia, fundada ya sobre asentamiento romano, y ha conocido a través de los siglos avatares diversos de fundaciones y refundaciones y no exentas de guerras, perdidas y ganadas, con un número alto e influyente de personajes históricos, –militares, culturales y religiosos–, que han ido configurando nuestra historia hasta nuestros días. Significamos ahora los recientes actos que, por tercer año consecutivo, han recreado los esponsales de doña Petronila, hija de Ramiro II el Monje, casada con Ramón Berenguer IV, y reina de Aragón. Con todo esto nació la Corona de Aragón. «Barbastro, Cuna y Corona» lleva por título esta recreación y nos parece un acierto llevarla a cabo, recrear la historia, y animar así al compromiso de seguir haciendo historia tratando de dejarla mejor para las generaciones venideras.

Años después de estos acontecimientos, y durante el siglo XVI, Barbastro vive una época de progreso y en ese siglo se construyeron numerosos edificios públicos como la Catedral, el Palacio Episcopal, la Casa Consistorial o el hospital de San Julián, y  grandes casas solariegas que son ejemplos de la arquitectura civil del renacimiento aragonés.

Recordar la historia, sí, y mejorarla entre todos. Recordar la historia no es volver a querer hacer un restauracionismo nostálgico, eso sería no avanzar, sino que es hacer memoria para mirar más lúcidamente el futuro y poder encararlo con experiencia y sabiduría, ambas cosas son necesarias para llevar adelante cualquier avance, personal o social. No es el color sepia nostálgico, sino el verde esperanza, el que debe armonizar el presente. Para el pasado positivo hay que tener agradecimiento. Y para el futuro, desde un lúcido presente, audacia y compromiso responsable. Y los campos en los que hay que trabajar son los mismos de siempre, –cultura, economía, educación, trasmisión de la fe cristiana, comunicación o política–, pero teniendo muy en cuenta que en este complejo siglo XXI las cosas son muy diferentes de como eran antes. Nos hacen falta, como decíamos, experiencia y sabiduría, las dos cosas. 

 

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