24 de junio de 2016

Muchos barbastrenses no saben que aquí hubo un cuartel, que durante 90 años albergó guarniciones militares. Aquellos que nacieron después de 1996 desconocen ese pasado cuya huella esconde una valla a la entrada de la ciudad. Fue una larga etapa, que se inició gracias a la lucha y el tesón de nuestros antepasados, que tenían muy claro la importancia de contar con un cuartel. No escatimaron esfuerzo, ni siquiera personales y económicos, para ir construyendo piedra sobre piedra lo que fuera uno de los principales motores económicos y sociales de Barbastro y su comarca

Pero el paso del tiempo es así, va abriendo y cerrando etapas y colocando en la memoria lo que hoy es actualidad. Más preocupante resulta que los barbastrenses, casi todos los barbastrenses, no sepan cuál será el destino de esos terrenos abandonados por los proyectos y las administraciones. Lo que hace ocho años se vendió casi como una nueva ciudad, con 676 viviendas, naves industriales, zonas de ocio y arbolado, son una vergonzante imagen para Barbastro. Nada hace suponer que su propietario, el Gobierno de Aragón a través de la empresa pública Suelo y Vivienda, vaya a desarrollar urbanísticamente los terrenos ni conforme a lo planificado hace casi una década ni de otra forma, como se ha instado a hacerlo desde el Ayuntamiento, por fases, comenzando por la puesta a disposición de un suelo industrial público muy necesario.

Ahora, aprovechando el aniversario de su cierre, sería un buen momento para reflexionar sobre el destino de esos terrenos, donados en su día por la ciudad de Barbastro al entonces Ministerio de la Guerra para la construcción de un cuartel. ¿Qué se va a hacer ahí? ¿Se hará algo? ¿O seguirá creciendo la vegetación hasta ocultar el pabellón de oficiales?

 

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