15 de abril de 2016

El pasado sábado la UNED de Barbastro acogió las primeras Jornadas de Pediatría Social, homenaje y recuerdo a Andrés Martínez Vargas. Baste un dato para situar el valor del personaje: cuando el barbastrense creó en su ciudad el primer Instituto Nipiológico, morían entre un 60 y un 70 por ciento de niños. Repetimos para que se retenga: morían entre un 60 y un 70 por ciento de niños. Gracias a su trabajo la cifra se redujo a un 6 por ciento. Un 6 por ciento. Martínez Vargas libró del dolor incurable de la pérdida de un hijo a cientos de familias, y no es descabellado inferir que quizás muchos de los que vivimos en esta ciudad le debemos la vida. El número es incalculable, porque su obra fue puesta en práctica en todo el mundo y aún hoy sigue plenamente vigente.

Coincidió esta Jornada con la tercera edición de Charangueando. Quede claro que no pretendemos comparar las dos actividades, bien distintas, obviamente, ni de menospreciar la exitosa fiesta callejera, ni su bondad musical, sólo sometida al albur de los gustos particulares. Pero hay hechos que no se pueden ignorar y que sí se de-ben ponderar.

Por ejemplo, el desproporcionado apoyo institucional a uno y otro acto. Puede argumentarse que el Consistorio ha depositado la organización de la Jornada Científica en la UNED, centro que subvenciona generosamente, y que quizá por eso solo ha presupuestado para esta actividad unos exiguos 1.000 euros. Pero más allá de su financiación, la importancia del personaje obliga al Ayuntamiento a una presencia más generosa que la fugaz intervención en el acto inaugural, dada la disponibilidad de concejales que pudo advertirse en Charangueando.

También obliga la figura y su obra a la difusión de las Jornadas. Cuando otras citas no directamente organizadas por el consistorio y sólo subvencionadas se incluyen en la agenda cultural del trimestre, la Jornada fue ignorada en la programación y apenas mencionada en otros medios de difusión municipal. Por citar sólo uno: en el facebook del Ayuntamiento de Barbastro, hasta catorce entradas con unas veinte imágenes y vídeos promocionaban Charangueando; sólo dos para la Jornadas Científica y ninguna de ellas previa.

Martínez Vargas, hombre de carácter y firmes convicciones, seguramente hubiera pasado por alto, quizá afeado, tales menosprecios, pero nunca hubiera dejado de señalar otra gravísima circunstancia, ante la que ni las instituciones ni las personas pueden quedarse de brazos cruzados: La edad de consumo de alcohol, alertaron las Jornadas, se ha adelantado a los diez años. En la UNED los expertos sanitarios advertían de la labor clave de la educación en la solución de asuntos tan terribles como el maltrato infantil y las drogodependencias. Pero mientras esto su-cedía, desde primera hora hasta su término, Charangueando tomaba la calle unida al consumo de alcohol, igual que ocurre con la cabalgata de septiembre; dos fiestas emparentadas con la infancia y la juventud que están amparadas por el Ayuntamiento.

Martínez Vargas es un héroe local. Barbastro debe sacar pecho y hacerse con el prestigio que tuvo la ciudad en vida del ‘Padre de la Pediatría’. Y, sobre todo, las instituciones no pueden dar la espalda a su herencia, con esa permisividad asumida y jaleada hacia el consumo de alcohol en las calles, que sólo nos perjudica en salud e imagen. 

 

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