23 de julio de 2010

El pasado 15 de julio, se firmó en la Sacristía Mayor de la Catedral de Barbastro el convenio para la recuperación y dinamización social, cultural y turística del conjunto de interés cultural de la villa de Montañana. Hace algo más de medio año, ya se había constituído la Fundación Montañana Medieval, entre el Gobierno de Aragón, la Diputación Provincial de Huesca, el Ayuntamiento de Puente de Montaña, la comarca de la Ribagorza y la Diócesis de Barbastro Monzón. El objetivo: tomar las riendas de unas obras y planes de recuperación en marcha y de un futuro gozosamente compartido.
Mucho más cerca de lo que nos parece, a 45 minutos de Barbastro por la carretera Nacional 230, se levanta el pueblo de Montañana en la confluencia misma entre Aragón y Cataluña. Flanqueda por los barrancos de San Miguel y San Juan, divida en dos barrios, en lo más alto de la villa se yergue la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Baldós. Murallas, rampas y torreones le brindan ese aire medieval que la emigración de los sesenta y setenta dejó al albur de un deterioro que, lejos de resultar imparable, se ha demostrado que puede frenarse.
Resulta indudable su carácter de villa emblemática, por sus iglesias y entorno; no en vano, las primeras referencias sobre este enclave aparecen en el cartulario de Alaón, a finales del siglo X. Mil años después, Montañana va camino de convertirse en el centro del Románico aragonés que inicia su camino en los restos del camino de Estopiñan, Caserras, Tolva, Luzás, Chiriveta, Cajigar y el monasterio de Alaón en Sopeira. Un circuito que conforman los núcleos que fue generando la Reconquista en Aragón: Jaca–San Juan de la Peña en el río Aragón,  Aínsa con San Victorián en el Cinca, Roda–Obarra en el Isábena y Montañana-Alaón en el Noguera Ribagorzana.
Hasta hoy, Montañana ha sido quizá la gran desconocida, pero con su restauración y el Plan de dinamización debe convertirse por propio derecho en el corazón de nuestra Edad Media. Los que participaron en la solemne firma que albergó la Catedral barbastrense comparten la sensación de que ese fue un gran día. También lo creen los vecinos de este núcleo ribagorzano, que han vivido el descubrimiento de pinturas, detalles y restos de un pasado esplendoroso con alegría y cierta sorpresa. La proyección de un documental sobre estos hallazgos despertó el revelador comentario de un niño de Montañana: «Papá, ¿esto está aquí? Pues tendremos que ir a verlo». Tendremos que ir a verlo.

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