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Opinión Editorial Claves para la Semana Santa

18 de marzo de 2016

La Semana Santa de 2016 llega. Como siempre y distinta. Es, por supuesto, la de siempre. Y pensamos que no se celebra bien si se olvida lo esencial. Es un tiempo de gracia singular para hacer memoria agradecida y convertida de una historia excepcional: la de un Dios que amó tanto al mundo que le entregó a su propio Hijo para que ese mundo fuera salvado. Y el mundo fue salvado con su pasión, muerte en la cruz y resurrección. Le Semana Santa ha vuelto a llegar este año y no sería lo mejor perderse lo de siempre, lo esencial. A través de las celebraciones litúrgicas, todas muy densas y llenas de contenido espiritual, la Iglesia Católica ayuda a sus fieles a entrar en el misterio. Participar esos días en las celebraciones es un modo concreto de vivir lo esencial. Sin esto se perdería el corazón, el don precioso, de la Semana Santa.

Y llega distinta. Cada uno sabe sus propias circunstancias pero, en su conjunto, no podemos olvidar este año el drama de los refugiados, de los que tienen que sufrir el horror de la guerra, el exilio, la marginación y la pobreza material y humana. No podemos callar esta vergüenza. 

Desde aquí se puede pasar a un segundo aspecto de la Semana Santa, importante y en aumento, como es su dimensión pública a través de las Cofradías, sus Pasos y sus procesiones. Nos alegra que esto sea así y, como decíamos, miramos este resurgir de cofrades y cofradías con esperanza. Pero queremos subrayar la necesidad de seguir trabajando por una Semana Santa sin separaciones entre lo que hemos llamado esencial y lo que acabamos de llamar de dimensión pública. No debe haber separación entre su esencial dimensión de celebración de la fe y de manifestación pública de la misma a través de actos celebrados en la calle que además, en nuestra ciudad, están alcanzando cotas altas de rigor y perfección.

Si hacer el equilibrio es importante en todo, en el asunto de la fe es asunto primordial porque viene a resultar real que parte de la fe de cada uno depende también de cómo ve que viven su fe los demás. Un cristiano debe medir mucho qué hace con su fe y con su vida. Y esto vale, naturalmente, para un cofrade de cualquier cofradía de Semana Santa.

A esto nos referíamos con lo de no hacer separaciones. Hay que vivir estos días con identidad y con raíz cristiana y aunarlo bien con la tradición, la piedad popular, la belleza de los Pasos y la solemnidad de las procesiones.

 

 

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