4 de marzo de 2016

Un 20 por ciento de las estudiantes universitarias en Estados Unidos es víctima de abusos sexuales, hechos y cifras escandalosas de las que no se libran los centros más prestigiosos como Harvard o Yale. El documental The Hunting Ground, nominado al Óscar, recoge este drama silenciado por las propias universidades y al que Lady Gaga pone banda sonora con Till it happen to you (Hasta que te pasa a ti).

El maltrato sexual es una modalidad de maltrato, como el físico, el emocional, el económico, el social, el ambiental... que constituyen los perfiles de esa violencia de género que percibimos e ignoramos y contra la que clamamos cuando el resultado se llama muerte. Esa es la punta más mediática de una realidad que nos escupe a la cara y nos dice que los derechos de las mujeres se ven conculcados de manera escandalosa en todas las sociedades, por el simple hecho de ser lo que uno es, su esencia.

Alerta la ONU de que la igualdad de algo más de la mitad de los habitantes de este planeta, las mujeres, no se convertirá en realidad en el año 2030, a pesar de que ese horizonte temporal se marcaba entre los objetivos del Milenio. Quizá tampoco en el 2050 o cambiando de siglo veamos una auténtica relación entre iguales, visto cómo se ceban las guerras precisamente en las mujeres y en sus hijos, llorando de hambre y cansancio a las puertas de una Europa sin memoria que les dice no. Poco avanzaremos si los extremismos religiosos se extienden y las inversiones en educación se acortan, frenando el desarrollo intelectual y económico de las nuevas generaciones. En ellas depositamos una esperanza que puede nacer herida. Los expertos se llevan las manos a la cabeza ante las conductas que admiten las adolescentes de sus compañeros, esclavizadas de la mano del móvil y sus mil aplicaciones, repitiendo que el amor todo lo justifica.

La igualdad entre hombres y mujeres sigue siendo una lucha que nos involucra a todos porque es la lucha global por los derechos humanos. No hace falta ir a defenderlos a miles de kilómetros, se debe empezar en el propio hogar, en el barrio, en el colegio, en la prensa. Nadie puede mirar hacia otro lado. Aquí, el que no combate la desigualdad se convierte en cómplice de ella y de todo el dolor, toda la injusticia, todos los moratones e incluso las muertes que genera. Te pase o no te pase a ti.

 

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