22 de diciembre de 2016

Una pequeña semilla, cuidada y atendida, es esperanza de una gran cosecha. La Jornada de la Infancia Misionera, que se celebra en la Iglesia desde el año 1843, es así: pequeña semilla y gran cosecha. Nació como una iniciativa humilde integrada por un grupo de niños. Sólo se les pedía que rezaran un avemaría al día y que ofrecieran una pequeña limosna al mes para ayudar a otros niños. Con el paso del tiempo ha crecido y se ha desarrollado hasta el punto de cobijar bajo sus ramas a millones de niños procedentes hoy de más de 130 países. Su finalidad es ofrecer a los niños algunos recursos para crecer y madurar como personas y como cristianos, a través de la labor educadora de sus padres, maestros y catequistas. Como dice el Delegado Nacional de las Obras Misionales Pontificias, Infancia Misionera no es un «verso suelto» en el contexto de la formación integral de los más pequeños sino que se inserta armónicamente en el paulatino desarrollo de la iniciación de los niños a la fe y a la vida cristiana.

Este año el lema se centra en una sola palabra: «Gracias». Con él se pretende ayudar a los niños a descubrir el origen de lo que son y de lo que tienen. Con la mirada puesta en la fe se les invita  a contemplar a Dios como creador del universo y Padre que cuida de las personas y de las cosas para que toda la creación alcance la felicidad. La acción de gracias nace así, de forma natural, como respuesta por los dones recibidos.

Los dones de la creación, de la vida y de la fe, por los que se da «Gracias» en la Jornada de este año, son, en definitiva, dones recibidos que nadie ha conquistado por sí mismo. Porque son regalos, deben ser agradecidos, además de valorados y cuidados. Los avances tecnológicos de nuestro tiempo pueden crear el espejismo de que el hombre puede con todo y llevarlo al delirio del orgullo y la soberbia. Educar en el agradecimiento es el mejor antídoto contra el mal de una autoafirmación narcisista que acaba destruyendo al hombre. Saber decir «Gracias», como nos dice este año el mensaje de la Infancia Misionera, es una verdadera sabiduría.

 

 

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