13 de noviembre de 2015

Este fin de semana se celebra en las diócesis de España el Día de la Iglesia diocesana. En cada diócesis, Iglesia local llamada por el Concilio Vaticano II, se diversifican las actividades pastorales en muchos ámbitos que quedan encuadrados dentro de la catequesis, la liturgia y la caridad. La acción pastoral la dirige un obispo en cada diócesis y todos los bautizados, –sacerdotes, religiosos y laicos–, cada uno desde su propia misión y de manera corresponsable, han de ir colaborando en la construcción espiritual y material de la Iglesia local.

La diócesis de Barbastro-Monzón, situada en una zona geográfica del norte de Aragón tiene una superficie de algo más de 7.000 kms. cuadrados con un total de habitantes cercano a los cien mil.  Su estructura demográfica es muy desigual ya que en la zona norte de la diócesis hay muchas parroquias con pocos habitantes y en la zona sur menos parroquias y más habitantes. El número total de parroquias es de 242 que son atendidas por 72 sacerdotes que, en este momento, tiene una media de edad superior a los 68 años. En la diócesis hay tres monasterios de vida contemplativa y varias comunidades de religiosos y religiosas de vida activa que atienden parroquias, colegios y residencias de ancianos. La vida pastoral de la diócesis se hace cada día acompañada también por un amplio número de laicos ocupados principalmente en la catequesis, en la liturgia, en labores asistenciales y caritativas y perteneciendo a diferentes movimientos apostólicos. En definitiva, toda una vida que hay que seguir manteniendo entre todos. Igual que en una familia todos son necesarios, en la Iglesia local lo mismo: ningún bautizado debe pensar que lo de la diócesis no va con él. Todos los bautizados, cada uno según su condición y posibilidades, deben mantener viva y activa la Iglesia Diocesana.

Los fieles cristianos no son meros receptores de los diferentes servicios parroquiales sino que, con sentido de pertenencia a la Iglesia, deben contribuir a su misión evangelizadora con la oración, el testimonio de su vida cristiana, la participación habitual en las celebraciones de la fe y en las distintas actividades apostólicas, en las obras socio-caritativas, en el sostenimiento económico de la Iglesia, en la conformación de la vida pública según los criterios del Evangelio, en el cumplimiento de sus deberes familiares, laborales y sociales, en la defensa de la vida, en la lucha por la justicia y la defensa de los más débiles, etc. Toda una magnífica obra, para bien de la Iglesia y de la sociedad, en la que hay que pensar en este Día de la Iglesia diocesana.

 

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