30 de octubre de 2015

Ya dejó claros los personajes del teatro de la vida nuestro gran Calderón de la Barca con su Auto Sacramental El gran teatro del mundo. Desde el corazón con que está escrito entonces, se puede. Desde la superficialidad banal con que a veces se tratan hoy estos temas, no tanto. Y nos preguntamos cómo vivimos estos días la fiesta de Todos los Santos, el recuerdo de los difuntos y lo que eso lleva consigo de memorias, amores, ilusiones y fracasos, que de todo tenemos todos. Nos gustaría que estos días se llenaran de vida en el recuerdo de la muerte y de la santidad. Todo es verdad: la vida, la muerte y la santidad. El pecado, también. Pero ojalá fuera mentira.

La historia de la humanidad entera es una historia de peregrinación. Para peregrinar, cada uno debe saber qué necesita y cuántas cosas de-be ir dejando en el camino para llegar listo a la meta. La vida «no es una historia contada por un loco» sino una marcha que, por fuerza, empieza con la vida y, por fuerza, acaba con la muerte. Qué hay después de cruzar esa puerta necesaria de la muerte no lo sabemos con nuestra cabeza. Su conocimiento es algo que está «más allá de» la razón pero eso no significa, por eso mismo, que no sea razonable creer que la puerta es puerta abierta y deja paso a una nueva experiencia de vida. Razón y fe no son antagónicas. Son amigas y se ayudan. Donde la razón no llega, alcanza la fe.

No somos los primeros en decir que podemos estar, y a pesar de estar en el desarrollado siglo XXI, «enfermos de sentido». Los racionalismos del XIX decretaron «la muerte de Dios» como si tal cosa. Pero desde ahí, las consecuencias han sido que sólo se puede pensar que los demás vagamos por una nada inmensa y nada tiene sentido definitivo. Desde ahí, los vacíos existenciales están al día y es que, «la muerte de Dios» no puede certificarla ningún hombre. Demasiado salto para decidir tal cosa.

Las fiestas de estos días son espacios de esperanza. Con esta virtud, no con disfraces, se puede vivir la vida, se puede aceptar la muerte y se puede creer que la una y la otra tienen sentido porque son como el preludio de la gran sinfonía de la salvación.

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