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Opinión Editorial La crisis que no cesa

12 de febrero de 2010

No pasa una semana sin que tengamos que dar alguna triste noticia sobre la forma en que se manifiesta entre nosotros la crisis económica que nos está afectando, ya sea en forma de cierres, concursos de acreedores, eres o despidos individuales. En nuestra ciudad el número de parados supera ya ampliamente el millar de personas y eso hace del todo necesaria una profunda reflexión. No faltan voces que justifican o explican la situación con grandes lecciones de macroeconomía, se habla de una deficiente estructura económica, rigideces del mercado laboral, convulsiones financieras... y eso puede ser cierto, pero nos parece necesario descender más abajo, a la microeconomía e incluso a eso que los acogidos a la moda mini llaman microgestos.
Nuestra ciudad en el terreno del desarrollo económico ha llevado una política muy deficiente, caso de que en alguna ocasión haya llevado alguna. Se ha perdido mucho tiempo y mucho dinero en estudios inútiles y parece que no hemos aprendido la lección. Ahora se nos presenta una inversión de cuarenta millones de pesetas en un nuevo Foro?Económico sin que nadie todavía haya presentado los resultados obtenidos de invertir más de cien millones de pesetas en el cercano Comurbano. ¿No tienen nuestro Ayuntamiento y nuestra Comarca funcionarios suficientes para armar una oficina de desarrollo técnica y profesional?
Con estas conductas la administración en vez de ser la solución se convierte en parte del problema. Convendría volver a algunos principios básicos para cualquier administración, en primer lugar un control exhaustivo del gasto no productivo, es decir del consuntivo y del suntuario. De eso somos igualmente culpables los ciudadanos, que nos estamos acostumbrando a las dádivas sin pensar que somos nosotros los que al final tendremos que pagar todo lo que se nos aparenta ofrecer como gratuito.
Resulta penoso ver cómo los presupuestos de nuestros organismos públicos más afines sirven para poco más que para  pagar los sueldos de sus funcionarios y sus gastos corrientes, las partidas de inversión son cada vez más microscópicas. También convendría volver al principio de subsidiariedad de la administración, puesto que todo lo hace pero mucho más caro, que haga y actúe únicamente allí donde la iniciativa privada no llegue. Sobran por todas partes empresas públicas y organismos que al final no son sino una clara competencia desleal.
No nos engañemos, la crisis actual en una gran parte se explica por la hi-pertrofia de un sector público que quiere abarcarlo todo y que cada vez deja menos espacio a un sector privado con el que compite y que para mayor desgracia tiene además que financiarlo con sus impuestos. Es hora de que las administraciones adelgacen para que todos podamos respirar un poco mejor.

 

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