5 de febrero de 2010

En 2010, Manos Unidas celebra su Campaña LI, Contra el hambre, defiende la tierra, centrada en la erradicación de la pobreza y el hambre como elemento esencial de su identidad, inspirada en los valores del Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia. Este elemento, siempre central en Manos Unidas, se abordará este año desde la defensa de nuestra casa, la tierra, y la sostenibilidad del medio ambiente, teniendo en cuenta principalmente las consecuencias que el cambio climático origina para la vida de los más pobres del mundo.
Las cuestiones del cambio climático son una muestra del desorden y del egoísmo que dominan las relaciones entre los pueblos. Científicos, políticos, economistas, organizaciones ambientalistas y periodistas, entre otros, están enzarzados en la discusión sobre las verdades y las mentiras del cambio climático. En este escenario, existe el peligro de ocultar el verdadero problema humano del clima. No podemos esperar que unos y otros se pongan de acuerdo y paralizarnos en el indiferentismo. Por tanto, estas cuestiones, nos obligan a formar una nueva conciencia sobre el estado de nuestro planeta porque la crisis global en la que nos encontramos es consecuencia de un modelo de desarrollo insostenible. Estamos haciendo un mal uso de los recursos que son un bien común y que deben protegerse para las generaciones presentes y futuras. Y este mal uso tiene consecuencias que no nos afectan a todos por igual. El Sur del planeta es siempre el más desfavorecido y los más pobres los que más sufren, por ser los más vulnerables.
Hoy más que nunca urge llevar a cabo una «conversión ecológica». Estamos obligados a un efectivo cambio de mentalidad que lleve a adoptar nuevos estilos de vida. Hay que hacer más operativo el principio del destino universal de los bienes para deshacer el dramático nexo que une la crisis ambiental con la pobreza.
Es necesario superar la visión de la naturaleza como objeto de provecho y de interés puramente económico que ha producido inmensas desigualdades, injusticias y violencia para una mayoría de la humanidad.
Los recursos no pueden ser del primero que llega o del más fuerte, sino que el Universo debe considerarse como la unidad de relaciones entre todos lo que lo componen, y el ser humano como «centro y cima» al cual deben ordenarse todos los bienes de la tierra porque el ambiente sin el hombre es sólo medio ambiente. Todos somos responsables de todos.
Manos Unidas sabe que sólo mediante el cambio de actitudes y de estilos de vida, tanto del Norte como del Sur, se puede lograr un mundo más justo y solidario para absolutamente todos los habitantes de nuestro mundo.

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