29 de enero de 2010

El Colegio Diocesano ‘La Inmaculada’, de nuestra ciudad, ofreció el pasado sábado un cálido homenaje a seis profesores que han dejado la docencia después de una larga trayectoria profesional. Antonio Plaza, José Mora, José Fantova, Fernando Juste, Ángel Noguero y María Alfonsa Gálvez debieron sentir en esos momentos el paso y el peso de su larga historia educativa y pudieron comprobar que el valor de las obras bien hechas permanece. Con una larga lista de profesores que les precedieron abriendo caminos, ellos han pasado también a formar parte de la historia de este centro educativo diocesano, que tanto ha servido a la ciudad de Barbastro y a su comarca, y nosotros compartimos hoy con todos ellos nuestra alegría y nuestro agradecimiento por el gran servicio que es siempre el arte y el empeño de educar y dar cultura.
La verdadera educación, que saca del interior de cada persona lo mejor de sí misma, es la que ayuda a la búsqueda esforzada de la verdad. No bastan los simples conocimientos, fruto del puro cultivo de la inteligencia que recoge datos, para situarse adecuadamente en la vida. Ésta necesita tener sentido y significado para que pueda ser plenamente vivida y aquí radica esencialmente el valor de la educación. Cuando unos profesores transmiten ciencia, pero además interpretación de la misma y los valores que la sustentan, son además educadores. Y queremos resaltar que la comunidad educativa del Colegio diocesano que ahora ha felicitado a estos profesores lo ha hecho preci- samente por sus añadidas cualidades de educadores.
Y nos complace añadir, coincidiendo nosotros con el Ideario de este Centro educativo diocesano, que la transmisión del saber puede hacerse con todo rigor desde una concepción cristiana de la vida y de la existencia. La religión cristiana ofrece apoyos concretos para que pueda descubrirse mejor el significado del mundo, el de las personas, el de sí mismos y hasta el del sentido último de la vida. La fe cristiana posee elementos serios y contrastados que ponen luz en las concretas circunstancias de la vida. La doctrina cristiana, bien entendida  y asimilada, ha sido siempre fuente de esperanza y esta ha sido siempre necesaria para vivir. Esa relación entre fe y cultura, en definitiva, entre fe y vida cultivada y educada, es una relación siempre posible y nos agrada hoy constatar la realidad de este trabajo educativo al unirnos al homenaje que han recibido los citados profesores.

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