4 de junio de 2010

Nos comprometemos a considerar el medio ambiente en nuestras actuaciones, políticas y toma de decisiones. La protección del medio ambiente debe ser una prioridad esencial de la política rural, que incluya la protección del paisaje y los recursos naturales.» Así comenzaba la conocida como Declaración de Barbastro, un compromiso formal hacia el desarrollo rural sostenible, que resumía en media docena de puntos las principales conclusiones del segundo Salón de Ecología y Medio Ambiente, SENDA. Era octubre de 1999 y el propio Ayuntamiento, por unanimidad, acordaba adherirse al documento que suscitó comentarios elogiosos, antes de dormir en las hemerotecas.

Once años y nueve ferias después, el balance de este certamen y del Congreso que en esta ocasión lo ha precedido resulta desigual. Por un lado, las interesantes convocatorias han resultado, por su cuantía, algo confusas: ponencias, debates, mesas redondas, jornadas, exposiciones, venta, entrega de premios, anuncio de inversiones, concurso de quesos, reinvindicaciones sobre dos ruedas, reunión de montañeros... Por otro, la respuesta del público no ha sido la esperada, algo que también ha ocurrido en otros salones y que debe mover –ya, por favor– a una seria reflexión sobre para quién se hacen estas ferias.

Para quién y para qué. Porque difícil sensibilización ciudadana puede lograrse en una ciudad cuyo Ayuntamiento no convoca reuniones de la Agenda 21 Local, con una concejalía de Medio Natural que en estos últimos años se conoce básicamente por el reciclaje de aceite y la polémica campaña de las bolsas reutilizables, y con escasísimos medios y voluntad, por ejemplo, para luchar contra la contaminación acústica, a pesar de que existe una Ordenanza sobre el ruido.

Esto de la sostenibilidad, que sirve igual para una ley económica que para un proyecto de ingeniería, empieza a sonar vacío. Aunque sus huecos los van llenando iniciativas concretas y modestas: la Asociación de Hortelanos, con su apuesta por la modernidad de la huerta, la  plataforma ‘Barbastro en bici’, clamando por espacios en los que circular, o la Comarca y el CEDER, que están devolviendo al olivo un orgulloso protagonismo económico y social.

«Nos comprometemos a formular propuestas y actuaciones que desde un enfoque local y participativo impliquen a la población en la mejora ambiental a través de proyectos de ámbito local», rezaba el cuarto punto de la Declaración de Barbastro, que ya posicionó hace muchos años a esta ciudad en la vanguardia de lo medioambiental.

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