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Opinión Editorial Tiempos de cambio

28 de mayo de 2010

Hay pocas palabras que en estos últimos meses hayan sido tan citadas como la palabra  crisis. Tan abundantes como su propia polisemia, resultan las explicaciones que unos y otros ofrecen sobre la misma. Mientras desde una perspectiva macroeconómica existen múltiples coincidencias a la hora de analizar las causas y efectos de esta incierta situación; bajos índices de natalidad, escasa productividad, aumento desquiciado del gasto público, caída de los ingresos fiscales, amplios beneficios sociales, costosos sistemas de salud, educación deficiente, etc. Causas que, cada día que pasa, parecen dibujarnos más nítidamente un horizonte dilatado de austeridad y cambios sustanciales  en nuestro cómodo estilo de vida.

Una vez que esos cambios sustanciales empiezan a encarnarse en los ciudadanos, por ahora pensionistas y funcionarios, empiezan las lecciones de microeconomía. Se hace inevitable que quienes desde una situación de modestia y precariedad en muchos de los casos, sufren en sus peculios los primeros recortes, miren desconfiados hacia su alrededor y se hagan una pregunta elemental: ¿Por qué yo sí y esos no? Y es que, si se mira con atención, en muchas ocasiones lo que se ve es cuando menos impúdico. Y de ahí nace una creciente desafección, que se generaliza día a día, hacia la clase política. Por eso el ciudadano, el contribuyente se pregunta, no siempre con la serenidad necesaria, por qué tiene que soportar tantas administraciones superpuestas, tantos cargos de confianza, tantos enchufados, tantos latisueldos, tantas dietas, primas, subvenciones, gabelas y beneficios mil de unas administraciones que parecen más pensadas para beneficiar a sus miembros que para servir a la sociedad.

Lo hemos escrito en muchas ocasiones. Si los ciudadanos tienen que apretarse el cinturón, y a muchos ya no les quedan agujeros, la Administración debe ir por delante soltando lastre de verdad, en todo aquello que consista en gasto puramente consuntivo y prescindible. Los ciudadanos, antes de pagar más tasas y contribuciones, van a exigir muchas explicaciones sobre el cómo y el dónde del gasto público. Los tiempos han cambiado, los cambios parece que han venido para quedarse mucho tiempo, y los cambios tienen que afectar a todos, a los ciudadanos,  a los políticos y a los politiquillos también.

 

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